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Un naufragio personal

1915-1996

A la orilla de un río, pesca despreocupado un chiquillo, con gesto de fastidio por lo poco fructífero de su ocupación. De pronto siente un leve pinchazo en su mano izquierda, como un picotazo, que poco a poco va haciéndose imperceptible. Ha muerto la última persona que conversó con Franz Kafka, y aunque no sabe quién fue o pudo ser Franz Kafka, él había nacido con el inexplicable don de sentir como un dolor la muerte del último hombre que habló con aquel genio. Y como la vida está llena de cosas triviales, se frota el dorso de la mano y piensa en volver con sus amigos, que ya le estarán esperando en la plaza del pueblo.

-- Ángel Ortega, Las Tijeras del Viajero

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