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Un naufragio personal

Breve descripción de los pueblos de Nimodia

Entre los numerosos pueblos que habitan en Nimodia, merece la pena resaltar las costumbres de dos de ellos: los Perpetuos y los Trigueros.

Los Perpetuos son gentes belicosas; es habitual entre ellos mantener una o dos guerras menores simultáneamente entre sus vecinos. Esta vocación guerrera no fue innata, sin embargo; parece ser que su agresividad fue fruto de un terrible asedio que sufrieron hace unos dos siglos, cuando los Gigantes asolaron la gran parte de su territorio.

En dicha guerra, los Gigantes aislaron cruelmente la capital de la tierra de los Perpetuos ochenta largos años. Durante este período de desesperación y abundantes muertes y debido a la carencia de recursos, los Perpetuos tomaron el hábito de permanecer vigilantes incluso después de muertos. Los caídos en la lucha en las murallas, tras un período de varias horas, volvían a alzarse y combatían fieramente hasta que sus enemigos los incapacitaban para la lucha mediante el desmembramiento o el fuego. Un Perpetuo en su vida posterior (como ellos mismos denominan a su vida tras la muerte) lucha ciegamente contra cualquiera que encuentre a su paso, sea amigo o enemigo, pues aunque obligados por las circunstancias consiguieron prolongar la vida del cuerpo, la mente no sobrevive a este doloroso proceso y los Perpetuos en vida posterior son incapaces de razonar o incluso articular sonido alguno. El asedio fue terminado voluntariamente por los Gigantes dado el enorme esfuerzo dedicado a terminar con los Perpetuos en vida posterior.

Pese a haber transcurrido tanto tiempo desde entonces, los Perpetuos han mantenido esta peculiar costumbre, no se sabe si por incapacidad de ponerle freno o por conveniencia, ya que si bien los muertos se siguen utilizando eficazmente en la custodia de las murallas y los bosques, su ceguera combativa ha ocasionado más de un problema en períodos de mortalidad elevada, en casos como el de una epidemia de cólera que hace 75 años asoló toda la región y que hizo que la mitad de los Perpetuos pasara a vida posterior, provocando la casi completa autodestrucción de todo el pueblo.

Por su incapacidad intelectual, se han llegado a encontrar Perpetuos en vida posterior a cientos de kilómetros de su zona de residencia, perdidos en los bosques asaltando a los viajeros o hasta peleando con animales salvajes o incluso árboles. En cierta ocasión, en una operación de drenaje de un pozo se halló atrapado en el fango un Perpetuo que hacía unos 75 años había sido arrojado allí por algún enemigo ya olvidado, casi comido por los cangrejos, pero aún lanzando dentelladas al aire con su quijada descarnada.

De signo opuesto se podría decir que son las costumbres del pueblo Triguero. Acostumbra este pueblo asentado al noroeste a enterrar a sus muertos cuando aún están vivos. Sus ceremonias mortuorias son famosas por su boato y vistosidad y son visitadas frecuentemente por viajeros de toda Nimodia.

Estos enterramientos en vida se efectúan cuando el sujeto cumple los 30 años de edad, constituyen el sacramento más importante en su peculiar religión y son motivo de regocijo y fiesta. Los Trigueros reciben desde su infancia educación fundamentada en ese día, y se juzga con severidad a los que no desean con fervor ser enterrados.

Los abigarrados cementerios del pueblo Triguero, situados siempre en colinas altas rodeadas de sus inmensos campos de trigo (de los que, como todo el mundo sabe, el pueblo toma su nombre), son visitados con codicia por los profanadores de tumbas, ya que la tierra y las flores nacidas allí pueden ser vendidas a altos precios entre los magos y hechiceros de otras zonas, pues se les atribuyen poderes especiales para la invocación de espíritus debido a que canalizan el desesperado sufrimiento de los enterrados en vida.

Estas y otras interpretaciones patológicas que de la muerte hacen los pueblos de Nimodia reflejan de algún modo la larga historia de catástrofes y desgracias a las que siempre se ha visto expuesta esta, por otra parte, hermosísima zona.

-- Ángel Ortega, Las Tijeras del Viajero

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