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Un naufragio personal

La carta del prisionero

Cuento corto publicado en Pescando Palabras y Redes

Amor mío:

Han pasado largos meses desde mi cautiverio y no he hecho otra cosa que anhelarte. Los días y las noches se han sucedido sin diferencia. Aún estoy vivo pero tu falta es para mí la verdadera y más terrible agonía. Hoy mis carceleros, movidos quizá por la piedad que siempre habita en los corazones de los hombres, han cambiado de actitud y al salir el sol me han sacado al exterior por primera vez. Los olores de la mañana me han embriagado. Me han dejado junto a un árbol, solo, empapado de lágrimas recordando tus ojos y el suave tacto de tus manos. Sí, he llorado como un niño, frágil como un tallo tierno arrancado de su raíz. Mientras escuchaba voces tras el muro hablar en su extraña lengua me he acordado de aquel juego de nuestra infancia, Las Nueve Palabras, que se jugaba con esta canción:

 Después del sol ve y coge tres,
 salta cinco y toma una más,
 ve hasta el árbol, salta seis
 y coge dos;
 Encuentra el tallo, salta una y toma otra más,
 pon un «la», trepa el muro,
 salta cuatro, coge una y listo está.

Es ahora cuando esos versos tan ingenuos cobran para mí un significado especial, como me imagino que lo harán también para ti. No sé si volveré a estar a tu lado en este mundo, pero sin duda lo estaré en el siguiente. Te amaré siempre.

Siempre tuyo, tu humilde compañero.

Esta es la carta que el prisionero Pekka escribió a su novia desde su celda. Sus captores nunca supieron que contenía un mensaje cifrado. Su novia, sin embargo, pudo sentir el terror y la desesperación trepar por su espalda cuando averiguó lo que en verdad habían hecho con él tras descubrir que la canción era la clave de descifrado del mensaje.

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