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Un naufragio personal

La decisión de Astarot

Cuando Lucifer llamó a su puerta, Astarot sabía que no podía augurar nada bueno. Al otro lado se oía el murmullo de una verdadera multitud; la rebelión ya no era cosa de risa.

- Sólo quedas tú - habló Lucifer, con su habitual arrogancia - todo la creación se ha decidido por un lado u otro; sabes que en mis filas eres bien acogido. Aquí están todos tus compañeros, en busca de una organización más justa.

- No apruebo tus métodos y lo sabes - Astarot se sorprendió a sí mismo por la seguridad con que salieron sus palabras - Y también sabes que no apruebo los del Supremo.

- Únete a mí, entonces - Lucifer estaba apremiado, quizá sabía que la lucha no iba a ser fácil, y aún menos para él - Te necesito.

- Ya he tomado mi decisión. No voy a apoyarte, y sabes que no tienes nada que hacer. Pero tampoco voy a ir contra tí. Voy a permanecer neutral.

- ¿Neutral? - Lucifer mostró su terrible gesto - No sabes lo que dices. Ese no te va a permitir una postura indefinida - Y lo dijo como dando por hecha su derrota - No lo hagas. Insisto.

- He tomado mi decisión. Buena suerte, Lucifer.

Los insurrectos se alejaron del portón de Astarot. En su paso se adivinaba el final de la contienda. Y Lucifer, que era sabio, conocía el resultado de antemano, y Astarot sabía, como él, que en aquellos temas no se puede permanecer neutral, y que iba a pagar por ello, muy pronto. Suspiró, y saboreó su éxtasis divino durante el poco tiempo que le quedaba por disfrutarlo.

-- Ángel Ortega, Las Tijeras del Viajero

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