triptico.com

Un naufragio personal

No reces por mí

La vida es un cúmulo de casualidades. Como una cuchara voy recogiendo palabras e imágenes que de nada me han servido. Te tomé por una salvación, pero qué derecho tenía a cargar sobre tus espaldas el saco de pesares y complejos, qué absurda vanidad. La vida es un cúmulo de casualidades que nos merecemos.

Ebrio de vino, de una ansiedad que nunca habría sabido llevar a puerto, me estrellé al oír tu canto de sirena. ¿Canto de sirena? Qué vanidad, dije, y qué injusto también estoy siendo esta noche con tu recuerdo. Pero la casa se me derrumba, y hay rincones donde perdura el eco de tus pasos. Desde hoy ya no seré yo: seré otro viandante con el que nunca me he encontrado. Otro que anda con otros objetivos, un hombre que nos será ajeno, porque aquél ya está gastado. Le veré ensimismarse por la tarde, o contemplar las luces como por primera vez. Y no me reconoceré, ni me reconocerá, quizá me mire de soslayo como a un recuerdo ignoto.

El hombre que fui está sentado allí mismo, en ese banco de piedra de aquel siempre que fueron semanas, acaso. Está vacío y seco, y parece poseer la tristeza del que se ha quedado sin nada.

-- Ángel Ortega, Las Tijeras del Viajero

Relacionados

Comentarios de los visitantes