Qué buena suerte. La naturaleza que entiendo tan poco se presenta en forma de cielo de plomo y arropa y abraza, es la primera vez que te veo pasear y no podía ser de otra manera. Tus palabras no son para mí, pero qué importa, porque este hechizo hace que las pueda percibir como tales, y tu mirada se me posa y al momento huye, y no abandono la comodidad de ser un espectador, recibiendo anónimo tu torrente de calor y ritmo. De forma egoísta siento que tantos años de avances y retrocesos tienen su fruto en que yo te vea y te escuche, imagina, miles de generaciones, Césares, Brutos, Circes, interpretan sus papeles transitorios para que este mensaje que me envías pueda llegar a esta orilla, en esta peculiar botella inimaginable para Poe, tan trivial, y tan importante. Nunca he sabido qué son esos pájaros, pero en esa duda está la magia.
-- Ángel Ortega, Las Tijeras del Viajero