Ángel Ortega III

Un naufragio personal

Danza macabra

Crujen en la pira
un ejército de llamas
que crepitan como fieras
reclamando su tributo
de la carne del hereje
que suplica a sus demonios
que le libren del suplicio
de sufrir como el Señor;

Claman sus vecinos
que se cumpla su destino
de pagar por su pecado
y que arda como tea
mientras braman los tambores
y chirrían las zampoñas
anunciando con sus truenos
el fatídico final.

Sólo le podría
liberar de su castigo
un milagro desde el Cielo
del que antaño ha renegado
pero una vez que el ritmo
de la muerte está en las manos
de los hombres que le acusan
nada se puede esperar.

Suenan campanas de muerte
en la aldea y la danza
macabra de llamas y huesos
se funde en el aire con
humos y lluvia;

Lenta y pesada se aleja
la plebe volviendo a
su mísera vida vacía
que han olvidado
por un sólo instante
oliendo a inocente,
a odio y a fuego.
libros y relatos, las tijeras del viajero, poemas