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Un naufragio personal

2019-03-21

Chicas tristes en los bares

Aunque lo parezca, no voy a contar otra historia de mi juventud borrachuza y golfante; no, hoy toca hablar de pintura.

Cuando el corazón y la cabeza están rotas, no queda otro recurso que sentarse en un bar y rumiar tu tristeza. Y aunque creas que estás sola, no siempre es así; a veces hay un pintor que te está mirando y plasma ese momento lamentable para que nadie lo olvide. Eso hizo Edgar Degas con esta chica:


Si este no es un mal momento para un retrato, no sé cuál será.

Esta cosa tan deprimente se llama El ajenjo o, más apropiadamente, Los bebedores de absenta. La cara de ella lo dice todo: «todavía siento algo, así que me tomaré otra copa». El pájaro que está sentado a su lado no tiene mejor aspecto. El cuadro es tan bueno que hace que en tus entrañas surja la sensación de haber estado ahí y haberlo presenciado, e incluso de haber llevado ese sombrero ridículo y esa especie de vestido de cuello alto que te pica en la barba. Quienes niegan la evidencia llaman a este cuadro Dans un Café. Yo también tomaré otra copa.

Édouard Manet cazó a esta pobre en otro momento:


¿Si salto desde el Pont Neuf al río, sentiré algo?

El cuadro se llama Ciruela en Brandy porque parece que eso es lo que tiene en la copa. Por alguna razón aún no la ha tocado, pero observando su expresión ya se ha bebido alguna que otra cosa, si mi experiencia en bares sirve de algo. Ni siquiera ha encendido el cigarrillo, quizá porque es tan desgraciada que ha echado a perder su última cerilla y pedirle fuego al soplagaitas de la mesa de al lado desencadenaría acontecimientos mucho más lúgubres. En su cara se nota que ha tenido momentos mejores pero que, unas cuantas copas más adelante, sin duda llegará lo mejor. En la Wikipedia dicen que es una prostituta. Yo qué sé, a mí no me lo parece. Quizá está intentando recordar si ha aparcado en un prohibido.

Pero el maestro en pintar a gente triste castigándose el hígado en los bares es Edward Hopper. Es una noche jodida la de esta chica:


Este carajillo tiene muy poca chispa.

Es cierto que todo lo que pinta Hopper es glamuroso, o quizá es la moda de los años veinte estadounidenses, mucho menos andrajosa que esa especie de estercolero que parecía la Francia de la bohemia. Lo cierto es que la chica aún no parece borracha pero triste, ay, está muy triste. A saber qué pasa por su cabeza. Igual había perdido todo en la bolsa o se estaba dando cuenta de que un tipo que se llamará Paul Auster escribirá novelas aburridísimas sobre esa misma mesa.

Pero volvamos a Francia, a una pintura de Van Gogh que OH DIOS MÍO QUÉ ES ESTO:


Estoy hecha de la misma materia que tus pesadillas.

Ya sabemos que Van Gogh estaba jodidillo de la cabeza. Lo que no sabemos es si la deformidad de la chica de la imagen era real, un figmento de la sifilítica imaginación del pintor o simplemente la consecuencia de estar borracho como una cuba. Hay una suculenta jarra de cerveza sobre la mesa para aquellos valientes que se atrevan a acercarse. El cuadro se llama Agostina Segatori sentada en el café de la Pandereta y por lo visto ella era la dueña del local. Lo que sabemos seguro es que estaba triste. O furiosa. O alguna otra sensación desagradable motivada por ese pelo imposible y esa cara tan pre-cubista. Si te sientas junto a ella quizá no te arranque las entrañas.

Y como cinco chicas tristes al borde de la cogorza ya son muchas chicas, os voy a presentar a la última:


Estoy haciendo como que no conozco al artista.

La ha pintado mi amigo Fernando Cámara, que además de todas las cosas que hace también pinta. El cuadro se llama El silencio de Ingrid por no sé qué referencia a Ingrid Thulin e Ingmar Bergman o no sé qué chorradas. Qué sabrá él. Lo cierto es que es una chica triste que bebe alcoholazo en tazas de café para disimular y, como se aprecia claramente, se arrepiente, se arrepiente mucho, de eso, y de tantas otras cosas que ha dicho y ha hecho, y de otras muchas que no hizo o que debió haber dicho y no dijo.

2019-03-18

Pelis y series vistas en 2019 (4)

Carretera perdida (Lost Highway)
No caeré en la trampa de intentar contar de qué trata una película de David Lynch. Esta la he visto decenas de veces y siempre le saco algo. No es de las mejores, pero sale Patricia Arquette y un Mercedes-Benz de 1500 CV de los años 80 («Ahora es cuando la grandiosidad mecánica, 1500 caballos, se nota»). La música, a diferencia de lo habitual en Lynch, no es un refrito de deliciosas antiguallas cincuenteras sino que se arrima a lo industrial con cosas de Trent Reznor, Rammstein, Smashing Pumpkins y David Bowie. Incluso sale Marilyn Manson en un video porno in-universe. Tras intentarlo en Blue Velvet y fallar, aquí consiguió que apareciera la canción a la sirena.
Los cuatrocientos golpes (Les quatre cents coups)
Es una de mis películas preferidas. Si me preguntas qué le encuentro, no sé decirlo. Hay una levedad, una tristeza, una sordidez sin exageraciones. Quizá es el pobre Antoine Doinel metido en esa jaula tan triste y tan minúscula en la comisaría, o cómo llora cuando se lo llevan en el coche celular. O esa rebeldía tan estúpida como ingenua, que les obliga a él y a su amigo del alma René a robar algo tan absurdo como una máquina de escribir para luego tener que devolverla por no saber qué hacer con ella. Y esa búsqueda del mar. No soy el único que le ve algo a esta historia sin antagonistas ni trama; preguntad, por ejemplo, a Luis Eduardo Aute, porque él la recuerda bien.
After Life
Ricky Gervais es un tío que ha perdido a su mujer y dice que está deprimido; eso sirve de excusa para ser un borde y soltarle largas peroratas a todo el mundo y para demostrar que los guionistas no tienen ni puta idea de cómo funciona el dolor de la pérdida ni la depresión. Está lleno de chistes gastados y rancios vistos mil veces, como los vídeos en los que su mujer le recuerda desde el más allá que tiene que dar de comer a la perra y sacar la basura porque es un completo inútil que no sabe hacer nada (no sé, quizá sea verdad en los tíos británicos y eso les hace gracia), un psiquiatra o psicólogo gilipollas integral que está twitteando en medio de las sesiones, una compañera que debe ser retrasada que le pregunta por cosas religiosas una y otra vez y que el Ricky aprovecha para soltarle charlas llenas de suficiencia y humillarla una y otra vez, una amistad repentina e inverosímil con yonkis y putas con corazón de oro... En fin. Quizá lo más delirante es dónde trabaja: un diario de pueblo que se distribuye gratis y que da curro a seis o siete personas que no hacen nada pero que les permite tener una casa a cada uno (no sé, quizá eso existe de verdad y explica por qué la economía británica está a punto de colapsarse o lo del Brexit o YO QUÉ SÉ). Ya había decidido que ese era el último capítulo que veía cuando de repente el Ricky se vuelve comprensivo y se reconcilia con todo el mundo mientras varios personajes le dicen varias veces que es una buena persona y que les hace reír, dos cosas que no se han visto en la pantalla ni una sola vez. La serie acaba así. Y pensar que aún me quedan capítulos de Bojack Horseman por ver mientras estoy perdiendo el tiempo con esta mierda.
Ash vs Evil Dead
30 años después de los horrores de Posesión infernal, Terroríficamente muertos y El ejército de las tinieblas, Ash (Bruce Campbell) sigue siendo un capullo y, en una noche de colocón, le lee a un ligue un pasaje del Necronomicon Ex Mortes (que, por alguna razón, aún guarda). Por supuesto, se vuelve a abrir un portal por donde entra el mal, los poseídos, etc. La serie es tan gore, tan tonta y tan divertida como las películas originales (de momento solo he visto la primera temporada). Bruce Campbell sigue partiendo la pana y Lucy Lawless también.
300 y 300 el origen de un imperio
Como quería ver la segunda volví a ver la primera para refrescar la memoria. Como todo el mundo sabe, 300 es casi un viñeta-por-fotograma del cómic de Frank Miller, y eso es tan bueno como malo según lo mires. La segunda es parecida y por lo visto también está inspirada en un cómic, que yo ni siquiera había oído nombrar. Esta segunda parte, que es precuela, cuela y postcuela, no aporta mucho más, es menos estilizada que la primera y bastante menos pretenciosa. Dado que todo es muy de tebeo se podía pensar que no hay ni un gramo de rigor, pero no: la protagonista femenina protagonizada por Eva Green, Artemisia, que parece un personaje de empoderamiento femenino metido con calzador, existió de verdad; aunque no fue una niña perdida, sí era la reina de Halicarnaso, sí luchó a favor de Persia contra el resto de las ciudad-estado griegas y sí era una gran estratega naval que el mismísimo Jerjes admiraba y tenía en cuenta. Se estuvo partiendo los morros en persona con sus 5 barcos en las batallas de Artemisio y Salamina y los griegos se cagaban en las sandalias con solo saber que andaba por allí.
La librería
Una película llena de británicos que trata sobre lo rastreros que son los británicos, que es algo que nunca está de más recordar. Una viuda decidida se empeña en montar una librería en un pueblecito de mierda en el que nadie lee y tropieza con todos los caciques y vagos locales que le hacen la vida imposible. Tiene unas cuantas cosas rematadamente absurdas, como hacer un pedido de 250 ejemplares de Lolita para venderlo en su tienda (aquí en España, y ya en el siglo XXI, es imposible vender 250 ejemplares de nada en un sitio que no sea la capital de un autor que no sea Pérez-Reverte, pregunta si no a un librero). Los actores son todos británicos y hacen muy bien su trabajo de comportarse como británicos. El foreshadowing de la estufa de parafina es demasiado evidente. Está dirigida con competencia por Isabel Coixet, que no es británica.
Love Death and Robots
Es una antología de cortos de animación que descubrí por casualidad en Netflix y que supuestamente trata de tres de las cosas que más nos gustan en el mundo. Visualmente están todos muy bien, algunos incluso impresionantes. Narrativamente, bastante menos; los guiones son pueriles y los diálogos muchas veces sonrojantes. En mi opinión, el valle inquietante sigue siendo un problema en cuanto aparece una cara humana y me corta todo el rollo. La verdad es que apenas recuerdo nada de ninguna de las historias.

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2019-03-13

Cuarenta y nueve meses

—Cariño, sabes que te adoro, pero la música que tienes es una mierda.

—Yo también te quiero, pedazo de cabrón.

—Sí, lo noto, el amor está en el aire.

Ruido de hojas secas.

—¿Qué haces? ¿Escuchando mis playlists?

—¿Escuchando? ¡No! Buscaba porno de bomberos en tu ordenador, pero me he encontrado con esto. ¿Elton John? ¿En serio? ¿Se puede ser más marica?

—Mmm... sí, se puede; por ejemplo, estando casado con un tío, como lo estás tú.

—Quizá tengas razón. Pero es que en cuanto te vi no me pude resistir.

—Lo sé. Cómo te comprendo.

Más ruido de hojas secas, un correteo de patitas y un ladrido lejano.

—¿Lo de Rocketman tiene un significado sexual?

—¿Qué?

—Sí, que si lo de rocket es por la polla.

—No lo sé. ¿Y por qué no estás escuchando, no sé, esa música clásica de viejo verde que tanto te gusta?

—Shostakovich no era un viejo verde. Al menos no al principio.

Una pausa. Crujidos. Silbidos del viento.

—¿Hola? —jadeos.

—¡Sí! ¡Hola! No pasa nada porque me dejes aquí tirado en silencio durante unos inquietantes minutos, ya sabes que mi tiempo no vale nada y que no tengo otro fin en la vida que esperarte.

—No te vas a creer lo que me ha pasado.

—¿Has descubierto que Elton John es un petardo?

—En lugar de tirarle la pelota a Enrietta le he tirado el teléfono móvil.

—¿Y lo ha cogido?

—No inmediatamente. Ahora la pantalla tiene una grieta. Ahora mismo una raya vertical recorre tu cara y pareces aún más triste de lo normal.

—¿Te lo puedes creer? Lo he sentido todo el tiempo. Al principio ha sido, no sé, como si volase; un vértigo, una leve náusea.

—¡Sí, Enrietta! Ahora voy.

—Después de la náusea, un golpe; y después, ese tenue olor a pescado del aliento de un perro mientras me mordía la cara.

—Eres un capullo. Ponte a Soplapóvich y déjame en paz.

—Espera; sí que hay algo más marica que oír a Elton John: tener una perra que se llama Enrietta.

—¿Hola? No oigo nada. CRAC CRAC CRAC. Creo que estoy perdiendo la cobertura.

—Ese CRAC CRAC CRAC lo has hecho con la boca.

—Qué desastre. Se han cruzado las líneas y se me ha colado un viejo triste dándome la chapa.

—Las líneas ya no se cruzan, cariño. Ahora todo es digital y eso.

—Espera, ¿has dicho antes porno de bomberos?

—No sé de qué me hablas.

—Yo creí que eras más de lucha canaria.

—No tardes.

—No.

2019-03-08

Los muchos nombres de Georgia

No me refiero a esa Georgia que estaba en la mente de Hoagy Carmichael y Stuart Gorrell cuando compusieron la canción que dio a conocer Ray Charles; una Georgia que, al contrario de lo que muchos creen, no es el estado norteamericano de Georgia, por mucho que este la haya tomado como himno. Esa Georgia, la Georgia en mi mente, era la hermana de Hoagy.

Yo hablo hoy de un país remoto, encajado en el hueco de tierra entre el Mar Negro y el Mar Caspio y al que probablemente yo no viaje nunca. Por aquí lo llamamos Georgia; ha tenido y tiene muchos otros nombres.

La tradición cristiana dice de forma prosaica y aburrida que el nombre viene de lo muy querido que era San Jorge entre los ciudadanos de la zona. Ahora ya nadie cree eso; los Persas antiguos llamaban a aquellas gentes gurğān, que proviene de la raíz gurğ y que significa lobo. De hecho, toda la zona alrededor del Caspio era conocida como Gorgan (tierra de lobos) y se muestra en el mapa de Fra Mauro, elaborado en Venecia y referencia cartográfica de las tierras de Oriente durante siglos, como Gorgania.

La Grecia antigua tenía dos nombres para esa tierra: a la occidental la llamaban Cólquide y a la oriental, para hacerlo todo más confuso, Iberia, que nada tiene ver con la península ibérica ni con los iberos ni, por supuesto, con esa otra Iberia ni con la suite de Albéniz. También era Iberia un enorme trozo administrativo del Imperio Bizantino que incluía estas tierras de lobos.

Los griegos también llamaban a la zona Hircania o Hyrcania (Ὑρκανία), esta vez tomando el nombre de un documento de tiempos de Darío I el Grande llamado la Inscripción de Behistún. En ese documento se la llama Verkâna, una palabra que contiene la raíz muy antigua Verkā, relacionada con el avéstico vəhrkō, el guilakí Verk o el sánscrito Vŗka (वृक). Todas ellas significan lobo.

El nombre de Georgia en el idioma local se latiniza como Sakartvelo, que significa, literalmente, «tierra de Kartvelianos». Kartli es el nombre de la zona central de Georgia y coincide, más o menos, con la Iberia que he mencionado más arriba. Aunque es decepcionante, el nombre no tiene nada que ver con los lobos, sino con un tipo llamado Kartlos.

Por si todo esto fuera poco, el idioma georgiano tiene un alfabeto propio, hermoso y diferente a todo. Georgia, en georgiano, se escribe საქართველო y ellos son los ქართველები. La capital, Tiflis o Tblisi, se escribe თბილისი. El poema épico local, llamado El caballero de la piel de tigre, es el ვეფხისტყაოსანი. El vepkhi del título es ahora literalmente la palabra para tigre, pero antes se usaba para describir algo menos concreto, siempre algún tipo de bestia feroz, por qué no un lobo.

El lobo ha dejado su nombre en esta tierra montañosa y de bosques oscuros. Sus vástagos son temidos, porque ella es madre de monstruos.

2019-03-05

Song to the Siren

Alrededor de 1986, David Lynch estaba enamorado de muchas cosas, entre ellas de una canción.

Su película Blue Velvet podía haber sido muy diferente. Por ejemplo, Lynch había pensado desde el principio en Michael Ironside para hacer de Frank Booth; sin menospreciar el trabajo psicópata de Dennis Hopper, la película bien podría haber sido otra. También si se hubiera seleccionado a Molly Ringwald para hacer de Sandy y eso sí me cuesta imaginarlo.

Tim Buckley compuso Song to the Siren en 1969 o 1970. Es un tema folk melancólico con una letra un tanto extraña que suena así y, bueno, está bien, pero no mucho más. No fue hasta 1983 en que This Mortal Coil retomó la idea y la hizo suya. This Mortal Coil no era realmente un grupo, sino un revoltijo formado por lo mejorcito que tenía entonces la discográfica británica 4AD, es decir, gente como Colourbox, Dead Can Dance, Howard Devoto y Cocteau Twins. Dos integrantes de este último grupo, Robin Guthrie y Liz Fraser, retomaron el tema de Tim Buckley, lo convirtieron en una especie de tema ambiental y algo hipnótico y lo hicieron famoso. Lo has oído mil veces:

De esta maravilla estábamos enamorados David Lynch y yo. David la quería para su película, en concreto para la escena de amor entre Jeoffrey Beaumont y Sandy; pero el mundo de las cesiones de derechos en un laberinto infernal donde las cosas no se solucionan ni siquiera lanzándoles grandes cantidades de pasta, que él, por otra parte, tampoco tenía. Pero tenía otra cosa: un genio llamado Angelo Badalamenti al que se le pueden pedir deseos. David fue y le dijo, mira, tío, tengo esta canción que no me saco de la cabeza y que quiero poner como sea, pero, tú, es imposible; escúchala y hazme algo en la misma línea.

Si le dices eso a cualquier músico mediocre puede volver semanas después con una mierda hecha cambiado de orden los acordes; sin embargo, si se lo dices a un genio, vuelve unos días después con esta maravilla:

Se quedó con el tono algo litúrgico y la atmósfera sensual y a la vez surrealista y creó algo completamente diferente. Tampoco lo hizo solo: le acompañó en aquello otra gran creadora, Julee Cruise, con una voz prodigiosa y un estilo peculiar, parecido al de Fraser pero solo en lo superficial.

Y así David Lynch sustituyó algo genial por algo genial. No cejó en su empeño, por otra parte; unos años después consiguió meterla en Carretera perdida, supongo que por sus cojones, aunque ya no era lo mismo ni tiene el mismo efecto.

Del tema Song of the Siren han hecho versión propia decenas de artistas, entre ellos Sinead O'Connor, Brian Ferry, Robert Plant, los Chemical Brothers, Sally Oldfield y hasta George Michael (no es cachondeo). Pero entre todas ellas hay una con un valor especial a la que vuelve la guitarra de Robin Guthrie y en la que canta un autor injustamente infravalorado, Brendan Perry, voz masculina de Dead Can Dance, que convierte en oro todo lo que toca y que también fue integrante junto a Guthrie de los This Mortal Coil. Esta es su versión:

Y así penan quienes oyen cantar a las sirenas, o aún peor, quienes renuncian a escucharlas. Franz Kafka nos lo contó así:

"[...] Sin embargo, las sirenas poseen un arma mucho más terrible que el canto: su silencio. No sucedió en realidad, pero es probable que alguien se hubiera salvado alguna vez de sus cantos, aunque nunca de su silencio. Ningún sentimiento terreno puede equipararse a la vanidad de haberlas vencido mediante las propias fuerzas.

"En efecto, las terribles seductoras no cantaron cuando pasó Ulises; tal vez porque creyeron que a aquel enemigo sólo podía herirlo el silencio, tal vez porque el espectáculo de felicidad en el rostro de Ulises, quien sólo pensaba en ceras y cadenas, les hizo olvidar toda canción.

"Ulises (por expresarlo de alguna manera) no oyó el silencio. Estaba convencido de que ellas cantaban y que sólo él estaba a salvo. Fugazmente, vio primero las curvas de sus cuellos, la respiración profunda, los ojos llenos de lágrimas, los labios entreabiertos. Creía que todo era parte de la melodía que fluía sorda en torno de él. El espectáculo comenzó a desvanecerse pronto; las sirenas se esfumaron de su horizonte personal, y precisamente cuando se hallaba más próximo, ya no supo más acerca de ellas.

"Y ellas, más hermosas que nunca, se estiraban, se contoneaban. Desplegaban sus húmedas cabelleras al viento, abrían sus garras acariciando la roca. Ya no pretendían seducir, tan sólo querían atrapar por un momento más el fulgor de los grandes ojos de Ulises."

Al relato lo llamó El silencio de las sirenas.

2019-03-03

Pelis y series vistas en 2019 (3)

Justo lo que pone en la lata.

Inherent Vice
Un coñazo pretencioso ambientado en los 70, protagonizado por un detective porrero buscando a una chica entre hippies, drogas y polis duros. La ambientación está bien y la plantilla de actores también, pero no hay nada dentro. Está basada en un libro de Thomas Pynchon y quizá ese es el problema.
Casi famosos
Otra historia ambientada en los 70, esta vez en el mundo de los grupos de rock y entrando en detalle en el fenómeno groupie. La película está bien, pero me parece demasiado descafeniada (el rollo que rodea a estas fans extremas tiene que ser mucho más sórdido) y además que un chaval de 15 años desconocido se convierta de la noche a la mañana en periodista de la revista Rolling Stone es simplemente estúpido.
Mad Max III (más allá de la cúpula del trueno)
Esta la recordaba bastante floja y, tú, lo es mucho más. Nada parece hecho en serio; los enemigos, que eran peligrosísimos en las pelis anteriores (y en la posterior), aquí son ridículos y todo parece una parodia. La parte final, que replica la persecución del camión de Mad Max II, es lo mismo pero sobre raíles y sin garra, y todo es tan tonto que el malo les persigue en una dresina. La música tiene demasiado saxo. Aunque ahora que lo analizo un poco quizá es una parodia intencionada.
Sin City (A Dame To Kill For)
Inexplicablemente, no sabía que esta película existía hasta hace unos días. Siempre me gustaron los cómics excesivos de Frank Miller y la primera Sin City es muy fiel a ellos, así que esta peli la tenía que ver. Es exactamente lo que te esperas. Además sale Eva Green y Josh Brolin se confirma como la mandíbula de América.
Giro al infierno (U Turn)
Sean Penn estrella su mala jeta en un pueblo de mierda del oeste americano al rompérsele su Ford Mustang de mediados de 1964. Allí todo el mundo es un hijo de la gran puta: el mecánico, un tío que parece medio retrasado, le putea con la reparación del coche; Jenny Farlopa, un bombonazo que es medio india, intenta mangonearle; Nick Nolte, su marido, es un viejo cabrón que está medio chiflado y que tiene un montón de dinero que todo el mundo codicia; el sheriff, un tío que parece majo, también tiene sus propios planes. También salen Joaquín Phoenix y Claire Danes como un par de tarados jóvenes que le complican la vida al protagonista. Sean Penn le debe un montón de pasta a un mafioso y, como aparte de un desalmado también es un pringao, pierde todo lo que tiene en un atraco absurdo. Está bien. Es probable que ya la hubiera visto. El director no es Tarantino sino Oliver Stone. Pese a eso, la película no parece tener ningún mensaje político ni descubrir ninguna conspiración, o eso creo.
Misery
Hay dos enfermeras cañeras; una es Ratched, y la otra es Wilkes. La que nos putea aquí es la segunda. La película está basada en una de las grandes novelas de Stephen King y sigue casi paso a paso lo que él cuenta. Visualmente es un poco un telefilme y James Caan no aporta mucho, pero Cathy Bates es lo más grande. Ya sabéis de qué trata: un escritor, famoso por escribir noveluchas que le encantan a todo el mundo, tiene la puta mala suerte de estrellarse con su Ford Mustang y ser rescatado por su fan número 1, que además es una jodida psicópata y que se tomará regulín el que su personaje preferido muera en el último libro, que (precisamente) acaba de publicarse. Luego viene lo del madero, los tobillos, el mazo, etc. Si alguna vez he de ser torturado cruelmente por mi fan número 1, por favor, que sea Cathy Bates.


El proceso creativo.

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2019-03-02

Advertencia para personajes

Presta atención. Los hechos mencionados en esta lista, ¿te describen?:

  • Bebes mucha cerveza, a menudo hasta perder el conocimiento;
  • Tienes encuentros fortuitos con gatos, bien sea puramente incidentales o que acaben en sesudas conversaciones;
  • La gente a tu alrededor tiene una tasa de mortalidad alarmantemente alta;
  • Te encuentras a menudo con referencias a autores culturetas como Kafka, Borges o Orwell, casi siempre innecesarias;
  • Hay una frecuencia excesiva de agentes de las fuerzas del orden que parece que te tienen manía;
  • Suenan de forma reiterada canciones de la década de los ochenta o bien obras sinfónicas del siglo XIX y principios del XX, también sin explicación aparente.
  • Eres una chica, aunque esto no es obligatorio y se han dado casos de afectados de sexo masculino.

Si estos puntos marcan tu día a día quizá estés aquejado de un mal poco común pero bastante serio: podrías ser un personaje en una historia de Ángel Ortega. Si es así, prepárate para:

  • Estar involucrado en persecuciones delirantes, a menudo en coches demasiado chulos para ser ciertos con enormes cilindradas y que acabarán destrozados;
  • Follar bastante, pero no en relaciones sanas, sino siempre con algún problema chungo como un amante psicópata o un tercero celoso y agresivo;
  • Aceptar que no vas a conseguir lo que pretendes, casi siempre por tu propia falta de talento;
  • Tener ganas de mear o cagar en momentos poco apropiados.

No es fácil confirmar si eres un personaje de Ángel Ortega o no. Estate atento a estas señales inequívocas:

  • Tu historia no está escrita en un soporte habitual: si está en papel, será en hojas sucias, estará manuscrita con un trazo disforme y la tinta tendrá manchas de zocato; Si está en formato digital no será en uno de los habituales como Microsoft Word o Scrivener o Libreoffice o cosas así, sino en texto plano con finales de línea tipo UNIX, y probablemente cerca de ella haya un programa desarrollado ad-hoc para convertirla en alguno de los formatos antes mencionados para pretender que alguien la lea;
  • Probablemente nadie haya leído tu historia, y si alguien lo ha hecho, será la mujer o la hermana de Ángel Ortega y, en el mejor de los casos, su amigo del alma Fernando, que al final no ha sabido negarse a tanta presión.

Este mensaje es una advertencia del servicio público de salud mental. En caso de duda, te va a dar lo mismo. No has tenido suerte.

2019-02-23

Pelis y series vistas en 2019 (2)

Justo lo que pone en la lata.

The Dark
Una chifladura. Un asesino en serie se tropieza con una asesina en serie. Las víctimas, pese a estar horriblemente torturadas, no tienen tampoco demasiado problema en matar. No está mal. Pese a haber desaparecido unos años atrás, la chica tiene unas heridas demasiado frescas y horribles para no haber muerto entonces desangrada o de una septicemia. El final es desconcertante, pero no he pensado mucho en ello.
Polar
Inspirado por un cómic, y se nota. Todo es excesivo y colorista hasta el ridículo, pero bueno, así es el espectáculo. Mads Mikkelsen está cañón. Para pasar el rato si no le das demasiadas vueltas.
IO
Una especie de catástrofe ecológica indefinida ha hecho que la humanidad se exilie en masa a una colonia orbital en Io, el satélite de Júpiter (¿Por qué ahí? ¿Qué necesidad hay de alejarse de una fuente de energía como la del Sol?). Una chica investiga algo difuso relacionado con esa supuesta atmósfera irrespirable (que, por alguna razón, sí es respirable unos kilómetros más arriba en un monte). Luego la humanidad decide irse a Próxima Centauri, que por lo visto tiene un planeta «terraformable». Nada tiene sentido en esta tontería de historia. Además, es aburrida como ver secar pintura. Por alguna razón, en un mundo de viajes interplanetarios, la protagonista usa pantallas con fondo negro y letras verdes y guarda la información en casetes.
I Kill Giants
Yo pensé que sería una fantasía chorra llena de monstruos y resulta que trata de una chiquilla que tiene jodida la cabeza. Es un poco obvia en muchas cosas pero me resultó tierna y bien llevada. Sin alharacas, pero una sorpresa.
Life
Una sonda de Marte vuelve con unas muestras que son recogidas y analizadas en la Estación Espacial Internacional. Como era de esperar, las muestras incluyen un organismo resistente y agresivo y los personajes se comportan como si no hubieran visto Alien. Pese a haber visto esto mil veces, no está mal porque está bien narrada y las situaciones inquietantes están bien hechas.
TAU
Elon Musk tiene que entregar un proyecto de inteligencia artificial en unos plazos imposibles. El prototipo es una especie de HAL9000 un poco flojo y necesita para completarse, como era de esperar, hacer experimentos con seres humanos a base de implantarles cosas electrónicas en la nuca y putearles. Elon Musk será muy listo pero un poco torpe juzgando a la gente y secuestra a la Action Girl más dura y luchadora de esa cloaca futurista en la que transcurre la peli, con lo que llegar a tiempo a la entrega se le hace bastante cuesta arriba. Hacia el final ella hace eso que todos hemos pensado que haríamos para saltarnos una cerradura biométrica. Todo lo que pasa ya lo has visto, pero aunque hay unas cuantas tonterías, no insulta demasiado a la inteligencia y se pasa el rato.
Tránsito (Stay)
Una memez con psiquiatras, tipos que se quieren suicidar y una realidad que se va trastocando porque nada es lo que parece, es decir, una Escalera de Jacob pero llena de cabos sueltos e inconsistencias. Como toda película de los 2000 incluye un mini-clip innecesario del Angel de Massive Attack. Ni siquiera Naomi Watts la salva.
John Wick (1 y 2)
Keanu Reeves es un jubilado triste que ha perdido a su mujer y que solo halla consuelo en su Ford Mustang del 69 y en su perrillo. Pero el hijo caprichoso de un mafioso ruso le roba el coche y mata al perrillo. Keanu Reeves antes de la jubilación era el asesino más letal y despiadado del universo y por tanto su venganza es terrible y dura toda la peli. Además de tiros, hostias y pepinazos bien coreografiados hay un par de ideas curiosas como esa cadena de hoteles para hampones donde está prohibido matarse y que entre el lumpen se hagan los pagos en monedas de oro. La segunda peli es más de lo mismo y destrozan el Mustang (aunque, según John Leguizamo, tiene arreglo). Van a estrenar la tercera y, tal como quedó la cosa, todos los delincuentes de la galaxia van a ir a por él.
Hemlock Grove
Es un sitio remoto de Pensilvania donde todo es muy raro. Los ricos del pueblo son: Famke Jannsen, la viuda consorte, que es una tía súper-tóxica que podría ser una abominación; Pennywise, su hijo, que está en el instituto, es un pervertido de la hostia y tiene un Jaguar XK 150 Descapotable de 1957 con ruedas de radios y todo; la hija y hermana de estos dos, una gigantona que no habla, que tiene siempre las manos vendadas y que se tapa un ojo con el pelo porque lo tiene amorfo y enorme como el del Vengador Tóxico; y el cuñado, que siempre está de mala hostia pese a que se lo monta con Famke Jannsen (o quizá debido a) y que es probablemente el padre real de la monstrua. También hay un chaval que todo el mundo piensa que es un hombre lobo, un rascacielos gigantesco en medio de la nada y un policía que salía en Galáctica y que no se pispa de ná. Todo es jodidamente enfermizo y chungo porque Eli Roth está detrás de la dirección y la producción. Llevo pocos episodios pero de momento me gusta, aunque tiene la pinta de ser como Perdidos, que van a empezar a encadenar misterios y chifladuras sin intención de resolver nada.
Nineteen Eighty-Four
Sí, 1984, la película de 1984 sobre el libro 1984. La veo más o menos una vez cada década y envejece bien: la sordidez, la miseria, la destrucción de la mente del individuo por el colectivo como una bota aplastando la cara de un hombre; todo es enormemente fiel al libro, con los pequeños cambios estéticos y estructurales necesarios para que la historia se pueda narrar en cine. Solo la estética púbica de Julia delata que la peli está filmada en otra época. Oceanía está en guerra con Estasia. Oceanía siempre ha estado en guerra con Estasia.
La ley de la calle (Rumble Fish)
Otra revisita a una de mis pelis de la adolescencia. El chico de la moto es el rey, pero ha desaparecido por un tiempo. Todo el mundo le admira y le respeta, en especial Rusty James, su hermano pequeño, que echa de menos un mundo de bandas callejeras y de darse de hostias en los callejones que en realidad no ha vivido y que no significa nada. El chico de la moto vuelve, más perdido que nunca. Dennis Hopper está borracho. En su momento esta historia me gustó mucho pero ahora se ha quedado algo simple y vacía. La fotografía en blanco y negro es fascinante y Mickey Rourke, Matt Dillon y Diane Lane no puede ser más bellos. Yo tampoco percibo bien los colores.

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