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Un naufragio personal

2019-06-25

El peculiar oficio de Joaquín Salgueiro

El público estaba cada vez más enardecido. Era sorprendente ver a millonarios tan pudientes y tan flemáticos perder la compostura de aquella forma. Quizá no eran muchos pero el murmullo de conversaciones acaloradas y discusiones parecía provocado por mucha más gente. Y según se acercaba la hora el estruendo crecía y crecía. Casi todos eran de la ciudad y farfullaban en holandés pero también había gente hablando en inglés e incluso algún oriental.

Muchos habían apostado auténticas fortunas por él aquella noche. No en vano Joaquín Salgueiro era el que más sesiones había superado de todos cuantos rondaban por allí. Estaba sentado a la mesa, rígido e inmóvil como una estatua, esperando a su competidor que ya tardaba. Un humo espeso de puros, pipas y cigarrillos flotaba a la altura de las cabezas.

Al fin llegó un hombre muy delgado, enjuto, con barba de varios días y un cigarrillo en la comisura de los labios. El rumor creció hasta hacerse casi ensordecedor cuando el público le vio llegar. Estaba realmente nervioso.

Al sentarse dio un traspié con la silla. Joaquín le miró a los ojos: estaban hundidos y rodeados de ojeras casi azules. Cuatro mechones de pelo ralo y rubio le colgaban por la cara y al sentarse le sonrió mostrando unos dientes amarillos y descarnados. Parecía un yonqui o un borracho. Joaquín, sin embargo, prefería siempre acudir a los combates (así los llamaban algunos) limpio, aseado, afeitado y bien vestido. Ya tenía más de cuarenta años pero era coqueto como un adolescente y siempre pensaba que si esa era la noche en que había de morir tenía que ser con buena facha. Llevaba una chaqueta de cuero marrón, camisa azul oscuro y corbata negra. Su oponente iba en camiseta y pantalón vaquero y apestaba a sudor.

Las apuestas se sucedían a voces y un tipo siniestro las apuntaba en una pizarra con tiza. Ocho a uno, nueve a uno. Fajos de billetes y maletines cargados pasaban de mano en mano. Al fondo, en una mesa, dos mujeres con vestido de noche esnifaban cocaína y reían escandalosamente mientras su acompañante masculino (que doblaba a ambas en edad) observaba la evolución de las apuestas con nerviosismo. En la mesa a su izquierda otro tipo igual de viejo saboreaba un puro meneando su bigotito canoso al lado de un joven excesivamente guapo vestido de esmoquin.

El árbitro se acercó a la mesa y con un par de ladridos en holandés indicó el final de las apuestas. En un par de segundos el atronar de voces se convirtió en un silencio sepulcral.

El oponente de Joaquín tosió y el cigarro se le cayó de la boca. Sus consumidas mejillas estaban coloradas como las de un gorrino. Dijo algo pero Joaquín no le entendió.

El árbitro se situó entre los dos, metió la mano en el bolsillo interior de la americana y tras unos segundos sacó un revolver reluciente de cañón corto y de un precioso color gris metalizado con reflejos azules. El silencio se intensificó aún más.

Con la otra mano extrajo una bala del bolsillo izquierdo y la mostró al público con dos giros de cintura. Abrió la pistola con un chasquido e introdujo la bala. La cerró, la cargó y, apuntando hacia el techo, hizo girar con fuerza el tambor. Sus clics en deceleración retumbaron por toda la estancia. Después, con mucho cuidado, depositó el arma en el centro de la mesa.

El inglés sacó de su chaqueta vaquera un paquete de cigarrillos pero el árbitro le indicó con un gesto que no lo hiciera. Refunfuñó y se lo guardó. Extendió la mano hasta el revólver y la dejó encima de él varios segundos. Como llevaba menos tiempo el primer turno era para él. Soltó un eructo apenas audible pero que Joaquín pudo oler.

Algunos se echaban atrás en el momento decisivo. Joaquín se había encontrado con más de uno. Pero aquel negocio no era como una partida de parchís; una vez que se decide jugar ya no hay vuelta atrás. El que se achanta recibe aquello de lo que huye en manos de unos hábiles matones. Las reglas son férreas porque el asunto es complejo. Por ello ningún jugador recibe un duro hasta que no completa los diez combates. Aquel era el octavo combate para Joaquín y el segundo para el inglés. Uno puede desaparecer por un tiempo si necesita liberar la tensión: un eficaz aparato contable mantiene al día su dinero acumulado y el número de encuentros realizados.

Con mano temblorosa el inglés sopesó el arma murmurando algo inaudible. Lenta, muy lentamente, la acercó hasta su cabeza sin dejar de mirarla y la apoyó sobre su sien.

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2019-06-21

El tigre y el ratón

Catalina señaló hacia algo que había a la espalda de Isabel. Sobre una mesa de patas curvas había un tigre de madera de diseño oriental (cabezón, con ojos prominentes y bigotes como de dragón) y de aspecto realmente antiguo. Unas profundas grietas a lo largo de las vetas de la madera le daban un aspecto venerable.

—Vaya —dijo Isabel, y fijándose más detenidamente—. Oye, está hecho polvo. Mira, le falta hasta un dedo de la pata delantera.

Catalina guiñó los ojos para fijarse bien.

—¿Tú crees que los demás me ven como un tigre?

—Yo sí —dijo Isabel, con la boca llena de arroz.

—¿Por qué?

—No sé. Sí que tienes algo de tigre. Quizá los ojos, o las manos.

—Qué bobada.

—No.

—Y tú, ¿Qué dijiste la primera vez? ¿Qué animal?

—El ratón.

—¿El ratón? —se rió elegantemente— ¿Cómo puedes decir el ratón? ¿De verdad es el primer animal que se te pasó por la cabeza?

—Sí, es verdad. Dije el ratón.

—Vaya. Pues yo no te veo como un ratón ni como una rata.

—Bueno, no sé... aunque no te lo creas, yo...

—No empieces. Te quieres demasiado poco.

—Me quiero lo que me merezco. Nada más.

—Así no irás a ninguna parte —de repente su voz volvió a ser seria—. Cambia de actitud, Isabel.

—¿Cómo se hace eso? Toda la vida he sido así. Toda la puta vida me he sentido igual. Siempre he necesitado a alguien protegiéndome, diciéndome si esto o lo otro está bien o no está bien o es genial o es una puta mierda. Qué bonito es hablar como hablas, Catalina, y cómo te envidio, tú, tan segura, tan firme, siempre sabiendo qué es lo correcto.

—No lo creas. Yo no soy así.

—Sí lo creo.

—Te equivocas. Yo también tengo cosas malas que ocultar. Pero te las pienso enseñar, a su debido tiempo, pronto.

Isabel se trabó un poco mientras buscaba las palabras para continuar.

—Bien, sí... todo el mundo tiene cosas que ocultar. Pero yo siento que mis cosas que ocultar son siempre cosas de otro. No tengo nada mío, Catalina, yo no soy nada por mí misma, soy siempre el objetivo o la imagen o el reflejo o la sombra de alguien. Alguien que no siempre me quiere bien, que me zarandea cuando le da la gana y luego me deja tirada como una colilla. Estoy harta, Catalina, me encantaría poder romper con todo y poder decir adiós a Amalio y al Cirujano y a mis padres y a toda esta mierda y lanzarme sola a hacer lo que yo quiera, si es que algún día me entero de qué coño quiero. Estoy harta, de verdad, estoy harta de no ser nada. Bueno, al menos, como dice mi psicóloga, soy consciente de mi dependencia y eso es un buen paso.

—Te he dicho que te voy a ayudar y lo haré. Te lo juro.

Isabel dejó los cubiertos sobre el plato como si no quisiese más comida.

—No sé cómo lo puedes hacer, de verdad, Catalina.

—Lo vas a ver. Ven conmigo.

Catalina alzó el brazo y le hizo un gesto a la camarera para pedirle la cuenta. La camarera asintió, se dirigió hacia la caja registradora y se perdió de vista.

—¿Contigo? ¿A dónde? —dijo Isabel.

—Tú acompáñame.

No volvieron a cruzar ni una palabra hasta que llegó la cuenta y Catalina pagó en efectivo. Se levantaron de la mesa y, ya en el hall, Isabel señaló una pintura que representaba a un gran tigre blanco y sonrió. Catalina le devolvió la sonrisa.

Caminaron en silencio durante más de media hora hasta que fue noche cerrada. Los edificios ya escaseaban y se alternaban con algunas naves industriales. Catalina llevó a Isabel hasta la puerta de una de ellas: un cuchitril abandonado, desconchado y con las ventanas rotas. Le comentó que había sido una sastrería, que la había heredado de sus tíos, que de pequeña había jugado durante horas y horas con un pequeño carrito alto que tenía un tubo central lleno de perchas que irremediablemente se caían al suelo con gran estruendo. Ahora aquello estaba desierto; solo quedaban algunas máquinas que no se habían podido vender de puro viejas y una montaña de bobinas de madera y cartón cubiertas de polvo. Catalina invitó a Isabel a entrar (ella vaciló un instante) y cerró la puerta tras de sí. Los estertores y el dolor fueron muchos: afortunadamente no nos llevamos más allá ningún recuerdo de la agonía.

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2019-06-19

Fragmento de la entrevista con el comisario Martínez del Río

—Déjeme que le sea sincero —el comisario se echa hacia atrás, se quita las gafas, mira a través de ellas guiñando los ojos, saca un pañuelo, echa el aliento sobre los cristales, los frota con el pañuelo, lo guarda, se cala de nuevo las gafas, se acomoda y me mira—. Déjeme que le sea sincero. Estoy harto de que lechuguinos como usted vengan aquí pavoneándose con ese traje y esa corbata negros, con esa camisa gris, esa cartera de ejecutivo y esos aires de niño de universidad cuando en realidad no tienen ni puta idea. Ni puta idea de lo que se cuece en un sitio como este, vienen dudando de la capacidad de mi gente con una prepotencia que da asco y me insultan con su presencia y sus gestos amariconados. Me da igual cuál sea el cochino departamento que le envía, me da igual lo que crea que pasa por aquí y me da igual si le gustan los tíos o qué. No sé qué información corre por sus pasillos perfumados pero al Cirujano solo se le vigilaba por la desaparición de tres chicos que presuntamente formaban parte de su secta. Por eso se encargaban del caso Pedro Ojeda y María Silvano ayudados por el desgraciado de Juárez. Le asigné el caso a Ojeda porque era el tío más inútil que ha parido madre y a la Silvano porque era una novata y no sabía dónde coño ponerla. Juárez, como es un tipo que mete la nariz en todas partes, se interesó por el tema y le vinculé a tiempo parcial para que me dejase en paz. Nada más. No sé qué le habrá contado Juárez de todo esto pero es una enorme mierda que me ha explotado en la cara sin tener nada que ver. ¿Cómo puede saber más sobre esto? No tengo ni la más remota idea. No lo intente con lo de Ojeda porque no hacía más que tocarse los cojones todo el rato, y Juárez igual, mucho ruido y pocas nueces. Si alguien estaba llevando la investigación era María Silvano. Me cago en la leche, el día antes de que pasara aquella mierda me estuvo enseñando lo que tenía y se lo estaba currando pero bien. Seguro que habría sido una buena poli si todo este embrollo no se hubiera liado de esta forma.

Se vuelve a quitar las gafas y se frota los ojos. Permanezco en silencio para que se tranquilice, y al final le digo:

—¿Tiene usted el material en el que trabajaba María Silvano?

Tarda en contestar y al final dice:

—No. Mire en su escritorio, esta es la llave. Ahí tiene todo, creo que incluso está la denuncia de las desapariciones.

—¿Cuál es?

—Allí al fondo, detrás de la columna —me lo señala a través de la mampara de cristal.

Recojo mis papeles y me levanto.

—Bien, siento haberle importunado. Buenos días.

No dice nada, me vuelvo y cuando estoy en el umbral de la puerta de su despacho me dice:

—No me interpretes mal, muchacho —ya no me trata de usted—. No sé si tienes algo que ver con asuntos internos o qué. Yo quería a estos chicos, yo quiero a mi gente. Ojeda era un cabrón pero ha sido compañero durante casi veinte años, y Juárez casi lo mismo. Habría esperado que Ojeda se jubilara con un barrigón como un tonel y que a Juárez se lo hubiesen cargado por meter las narices en algún putiferio o en alguna movida de drogas. Pero no de esta forma, eran gente que no merecía esta mierda —me sorprende por qué habla de Juárez como si estuviese muerto. Quizá estar encerrado donde está es casi como estar muerto para él—. A la chica casi no la conocía, pero estaba muy buena —pone una sonrisa estúpida, como si con esto buscase mi indulgencia o algo así. Al final cambia de tono—. De verdad que lo siento. No dé un mal informe de mí.

Me planteo volver a explicarle que yo no estoy allí para informar sobre él pero su presencia me fatiga y vuelvo a despedirme. Mientras cierro la puerta despacio una mujer de unos cuarenta años que tiene su mesa cerca de la puerta (igual es su secretaria) me dice:

—No es mala persona. Lo que pasa es que le tienen muy presionado. Lleva meses pidiendo más gente y de arriba denegándoselo y ahora pierde a tres. Y hace bien poco que mataron a otro y a un forense en el mismo día...

—¿Los conocía usted? ¿A los tres? —le pregunto con desgana.

—Claro. Ojeda y Juárez eran de toda la vida —todos han enterrado ya a Juárez, por lo que oigo— y la chica era un encanto. Algunas veces desayuné con ella y tenía una alegría y un entusiasmo que daba gusto. Claro, como llevaba tan poco tiempo...

—Claro... —le respondo. La conversación con el comisario me ha agriado el carácter y dado que ella no tiene aspecto de proporcionarme la información que busco me despido—. Gracias por todo. Estaré en el escritorio de María Silvano.

—Es aquel del fondo, detrás de la columna, donde la máquina del café.

—Ya lo sé, gracias.

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2019-06-11

La historia de David

El padre de David había sido un hombre silencioso, no especialmente cariñoso ni divertido, que siempre trabajaba muchas horas y volvía muy tarde a casa. Pese a eso jamás había escatimado un rato de juego y de cosquillas justo antes de cenar, momento que para David había sido siempre mágico. También era disciplinado, consigo mismo y con los demás: aunque para ciertas cosas era flexible, había otras para las que era inamovible y férreo. Una de ellas era la de la hora de irse a dormir. Nada, nunca, jamás, bajo ningún concepto, en la cama más tarde de las nueve y media.

Los jueves por la noche ponían a las once y media lo que sus compañeros de clase llamaban «la serie del superhéroe». David nunca supo cómo se llamaba en realidad. Todos los viernes a primera hora de la mañana antes de entrar a clase su grupo de amigos, a los que sus padres sí dejaban quedarse por la noche a ver la serie, compartían entusiasmados los momentos más increíbles, hazañas valientes, persecuciones vibrantes, malvados aterradores, mujeres con poca ropa armadas hasta los dientes. Para David aquel momento del viernes suponía un conjunto de sensaciones contradictorias, ya que por una parte disfrutaba escuchando las confusas reseñas de sus amigos pero por otra se sentía desplazado por no poder gozar de primera mano de aquel espectáculo y un nubarrón de amargura y desprecio hacia su padre le fastidiaba el día.

Un jueves por la tarde, sin embargo, sonó el teléfono mientras terminaba sus deberes y su madre mantuvo una breve conversación con su padre, en la que dijo que iba a tener que quedarse hasta altas horas de la madrugada terminando un trabajo cuya entrega no podía esperar. Cuando David se enteró sintió algo de pena por saber que no iba a ver a su padre aquel día pero, casi inmediatamente, recordó que era jueves. Sabiendo que la insistencia en los horarios para irse a dormir eran cosa de su padre utilizó todas las artimañas que pudo para convencer a su madre de que le dejase quedarse a ver la serie del superhéroe. Su madre nunca había tenido mucha convicción acerca de nada y accedió después de un poco de presión con la única condición de que su padre no se enterara. David se sintió aún mejor que en el momento de recibir los regalos de navidad. Por fin podría conocer al superhéroe y se sentiría al fin integrado en la conversación mañanera.

Después de cenar se acomodó en el sofá ocupándolo casi todo, ya que su madre no se quedó con él sino que dedicó esa noche a planchar las cortinas. La espera resultaba eterna. Primero las noticias internacionales. Luego las reseñas del fútbol, interminable palabrería sobre este jugador y aquel entrenador y ese club y el otro campeonato. Un intermedio, con su colección de anuncios aburridos, entre los que no había ninguno de juguetes sino nada más que cosas de seguros, bancos, productos de limpieza y amenazas de la dirección general de tráfico. Luego, más noticias, un tostón sobre economía con un señor estirado hablando de cosas incomprensibles, algo sobre un crimen y un portavoz del servicio sanitario hablando sobre una herida inciso-contusa, otro intermedio con más anuncios, el informe del tiempo con sus anticiclones y sus ciclogénesis explosivas, unos avances sobre unas películas de amor que estrenarían pronto. Aquello era una auténtica tortura, la pesadez más insoportable, el tostón más soporífero que jamás había escuchado. Un par de veces sintió que se le cerraban los ojos por un tiempo indeterminado pero inmediatamente se espabilaba, irguiéndose un poco más en el respaldo.

Tras uno de estos microsueños descubrió que la serie había empezado. Sus ojos se abrieron como platos y el sopor desapareció completamente cuando todos sus sentidos se dedicaban a absorber la información que llegaba del televisor. El superhéroe, equipado con una armadura brillante que le hacía parecía un robot, surcaba el aire volando, dejando una estela de llamas. El antagonista, una especie de vampiro enjuto y con los ojos inyectados en sangre lanzaba a una hermosa mujer vestida con un velo medio transparente a una escarpada fosa, mientras su grito de horror se perdía en la interminable caída. Un monstruo híbrido, con seis patas como columnas y tres cabezas de león arrasaba un poblado indígena de chozas con techo de paja escupiendo fuego y aplastando a sus habitantes que huían despavoridos. Una sombra gigantesca, de contornos difusos, emitía desde una boca llena de dientes descolocados un chirrido desagradable mezcla de gruñido y canción de cuna tan aterrador que tuvo que taparse los oídos. Cada escena era aún más excesiva que la anterior y su mente se excitaba casi febril ante la sobredosis de estímulos y la falta de sueño. Pero cuando una falange de vehículos con cúpulas de cristal se preparaba para un enfrentamiento contra un batallón de navíos con velas como alas de murciélago la fatiga pudo con él y se quedó dormido, perdiéndose el desenlace.

A la mañana siguiente, aún embriagado por la experiencia anterior, se levantó como un misil dispuesto a compartir las escenas con sus amigos nada más llegar a clase. Había sido la mejor experiencia de su vida, exceptuando la sombra que daba aquel chillido tan horrible cuyo recuerdo hacía que se le pusieran los pelos de punta. Se vistió rápido y apenas desayunó, y cuando llegó al patio del colegio le extrañó la ausencia del habitual corrillo de amigos comentando el trepidante episodio que, por fin, había conseguido ver.

Cuando se encontró con Luis, su mejor amigo, le asaltó tirándole de la manga y le preguntó qué le había parecido el episodio del superhéroe de la noche anterior, dispuesto a aturdirle con sus comentarios. Pero Luis le dijo con fastidio que la noche anterior habían cancelado la emisión de la serie debido a que el debate político se había alargado demasiado.

David se quedó helado. Preguntó a algunos más y todos le dijeron lo mismo. Poco a poco fue entendiendo lo que había pasado: había soñado todas aquellas maravillas, todo había sido producto de su imaginación o del trozo de cerebro que se encargue de elaborar todas esas locuras que forman los sueños. Tras pasar unos momentos de confusión, aceptó la realidad y lo achacó a una de esas cosas extrañas que pasan en la vida.

Pero con el transcurso de los días el recuerdo de aquellas imágenes se fue disipando y solo quedaba el grito, ese ruido ensordecedor que pretendía ser humano sin conseguirlo y cada vez las noches eran más largas y el sueño más difícil de conciliar. Cuando por fin lograba dormir soñaba de nuevo con aquel alarido y se despertaba empapado en sudor. Así estuvo durante varios meses, cada noche peor que la anterior, hasta que en un duermevela inquieto dominado una vez más por el chillido le despertaron unos golpes en el pasillo y vio a unos enfermeros arrastrando una camilla con un cuerpo tendido seguidos por su madre con el rostro envuelto en lágrimas. Se levantó con un nudo en la garganta preguntando qué pasaba y ella solo pudo abrazarle y llorar en silencio mientras él veía alejarse a su padre tumbado inmóvil, con los ojos cerrados y la boca tapada por una mascarilla de oxígeno. Aquella noche en la que su padre había muerto el grito había sonado por última vez.

O eso había creído hasta que lo había vuelto a escuchar a través del walkie-talkie. Como cuando era niño y soñaba, solo que ahora, y despierto.

Más en Ruido en la tormenta.

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2019-06-06

A message to Quentin Addams Maddock

I just had a dream that was too vivid and too insistent and too annoying to ignore. In it I just had to transmit a message to someone I've never meet.

So, here it is: if you are Quentin Addams Maddock (or Maddof), buy those cereal company shares that you are thinking about.

I'm just the messenger, don't blame me if you fuck it (this is also part of the message).

That's it. My work ends here.

2019-06-05

Webmention support for static sites

I've written a script to add Webmention support for static sites. It's available from:

https://github.com/angelortega/aov-atom-to-webmention

All software that generates static web sites also creates ATOM XML files with the recent content (like Gruta, the one that build this site). By running this script on the ATOM you just generated, it posts Webmentions to every link found there and that has its support announced in link tags inside its HTML.

It's written in Python with minimal external dependencies.

I've taken inspiration from Plaidophile and from Aaron Parecki's mini-tutorial.

2019-06-04

Lectura del Libro de las Revelaciones

Acabo de releer el Libro de las Revelaciones, también conocido como el Apocalipsis. Es una pieza increíble. No consigo entender cómo un texto así ha llegado a ser parte de las escrituras y otras cosas no.

Comentaré aquí algunas de las cosas más curiosas.

El principio es un poco aburrido; lo resumo. Juan de Patmos (que no es Juan el Evangelista ni Juan Bautista ni ninguno de los otros juanes que salen en otros pasajes de La Biblia) se presenta como un tipo «copartícipe vuestro en la tribulación» (pasándolas putas como vosotros) que está allí haciendo cosas por la palabra de Dios y el testimonio de Jesucristo. De repente oye una voz como una trompeta (por aquí hay muchas cosas que tienen que ver con trompetas). Cuando se vuelve ve a este personaje:

"1:12 Y me volví para ver la voz que hablaba conmigo; y vuelto, vi siete candeleros de oro, 1:13 y en medio de los siete candeleros, a uno semejante al Hijo del Hombre, vestido de una ropa que llegaba hasta los pies, y ceñido por el pecho con un cinto de oro. 1:14 Su cabeza y sus cabellos eran blancos como blanca lana, como nieve; sus ojos como llama de fuego; 1:15 y sus pies semejantes al bronce bruñido refulgente como en un horno; y su voz como estruendo de muchas aguas. 1:16 Tenía en su diestra siete estrellas; de su boca salía una espada aguda de dos filos; y su rostro era como el sol cuando resplandece en su fuerza. 1:17 Cuando le vi, caí como muerto a sus pies."

Como para no desmayarse. Pelo como la nieve, ojos llameantes, pies refulgentes (?) y una espada de dos filos saliéndole de la boca. Según él, es semejante al Hijo del Hombre, que supongo que será Jesús.

Un poco más adelante le dice que

"1:18 [...] Y tengo las llaves de la muerte y del Hades."

¿Tiene las llaves del infierno? Luego aclara:

"1:20 El misterio de las siete estrellas que has visto en mi diestra, y de los siete candeleros de oro: las siete estrellas son los ángeles de las siete iglesias, y los siete candeleros que has visto, son las siete iglesias."

Misterio resuelto. Como en todo texto místico, hay sietes por todas partes.

Esta turbadora presencia le dice a Juan que escriba una carta a cada una de esas siete iglesias, a saber: Éfeso, Esmirna, Pérgamo, Tiatira, Sardis, Filadelfia (Pensilvania) y Laodicea. Esto no aporta mucho a la historia y es poco más que Juan soltando pestes sobre cómo llevan ciertas cosas los encargados de esos sitios: que si se han enriquecido de modo indebido, que si tienes una sinagoga de Satanás, que si fornicaciones a lo tonto, que si le haces demasiado caso a Jezabel. Como es irrelevante nos vamos a saltar el contenido de esas cartas, salvo una perlita que le suelta al gerente de Laodicea:

"3:15 Yo conozco tus obras, que ni eres frío ni caliente. ¡Ojalá fueses frío o caliente! 3:16 Pero por cuanto eres tibio, y no frío ni caliente, te vomitaré de mi boca."

Por tibio te potaré encima. Menudo genio.

Después de las cartas llega el capítulo 4, que es donde empiezan las revelaciones propiamente dichas.

"4:1 Después de esto miré, y he aquí una puerta abierta en el cielo; y la primera voz que oí, como de trompeta, hablando conmigo, dijo: Sube acá, y yo te mostraré las cosas que sucederán después de estas. 4:2 Y al instante yo estaba en el Espíritu; y he aquí, un trono establecido en el cielo, y en el trono, uno sentado. 4:3 Y el aspecto del que estaba sentado era semejante a piedra de jaspe y de cornalina; y había alrededor del trono un arco iris, semejante en aspecto a la esmeralda. 4:4 Y alrededor del trono había veinticuatro tronos; y vi sentados en los tronos a veinticuatro ancianos, vestidos de ropas blancas, con coronas de oro en sus cabezas. 4:5 Y del trono salían relámpagos y truenos y voces; y delante del trono ardían siete lámparas de fuego, las cuales son los siete espíritus de Dios."

Empieza el exceso. Tronos de piedras preciosas (la enumeración de materiales molones también es frecuente aquí), ancianos con coronas de oro, truenos, voces, lámparas de fuego y sietes por todas partes. Seguro que esos veinticuatro significan algo, pero no me interesa qué.

Esto es mejor:

"4:6 Y delante del trono había como un mar de vidrio semejante al cristal; y junto al trono, y alrededor del trono, cuatro seres vivientes llenos de ojos delante y detrás."

Cuatro seres vivientes llenos de ojos, delante y detrás. Es curioso lo de los «seres vivientes». En otras versiones de La Biblia he visto que los llaman simplemente «Los Vivientes».

"4:7 El primer ser viviente era semejante a un león; el segundo era semejante a un becerro; el tercero tenía rostro como de hombre; y el cuarto era semejante a un águila volando. 4:8 Y los cuatro seres vivientes tenían cada uno seis alas, y alrededor y por dentro estaban llenos de ojos; y no cesaban día y noche de decir: Santo, santo, santo es el Señor Dios Todopoderoso, el que era, el que es, y el que ha de venir."

Vale, ya vemos por dónde va la cosa; quitando el exceso de alas y de ojos y la matraca obsesiva de no callar ni de día ni de noche los cuatro vivientes son los cuatro Evangelistas:

Y ahora empieza una de las partes más conocidas: los siete sellos.

"5:1 Y vi en la mano derecha del que estaba sentado en el trono un libro escrito por dentro y por fuera, sellado con siete sellos."

Un libro escrito por dentro y por fuera :-)

"5:2 Y vi a un ángel fuerte que pregonaba a gran voz: ¿Quién es digno de abrir el libro y desatar sus sellos? 5:3 Y ninguno, ni en el cielo ni en la tierra ni debajo de la tierra, podía abrir el libro, ni aun mirarlo. 5:4 Y lloraba yo mucho, porque no se había hallado a ninguno digno de abrir el libro, ni de leerlo, ni de mirarlo. 5:5 Y uno de los ancianos me dijo: No llores. He aquí que el León de la tribu de Judá, la raíz de David, ha vencido para abrir el libro y desatar sus siete sellos."

Nadie puede abrir el libro, ni siquiera mirarlo (entendemos que Juan sí podía al menos mirarlo, cómo iba a saber que estaba allí si no). Pero bueno, el León de la tribu de Judá sí podrá desatar los sellos.

"5:6 Y miré, y vi que en medio del trono y de los cuatro seres vivientes, y en medio de los ancianos, estaba en pie un Cordero como inmolado, que tenía siete cuernos, y siete ojos, los cuales son los siete espíritus de Dios enviados por toda la tierra. 5:7 Y vino, y tomó el libro de la mano derecha del que estaba sentado en el trono."

El Cordero inmolado (con siete cuernos y siete ojos) es Jesucristo. El León de Judá del versículo anterior probablemente también.

Después de un poco más de palabrería y peloteo empiezan a abrirse los sellos:

"6:1 Vi cuando el Cordero abrió uno de los sellos, y oí a uno de los cuatro seres vivientes decir como con voz de trueno: Ven y mira. 6:2 Y miré, y he aquí un caballo blanco; y el que lo montaba tenía un arco; y le fue dada una corona, y salió venciendo, y para vencer."

Aquí está lo que tantas veces has oído: cada uno de los Evangelistas nos presenta a cada uno de los cuatro jinetes del Apocalipsis. Sin embargo, lo que te han contado acerca de que son la Guerra, la Peste, el Hambre y la Muerte no es exactamente así; es todo mucho más confuso. Este de arriba, ¿quién es?

"6:3 Cuando abrió el segundo sello, oí al segundo ser viviente, que decía: Ven y mira. 6:4 Y salió otro caballo, bermejo; y al que lo montaba le fue dado poder de quitar de la tierra la paz, y que se matasen unos a otros; y se le dio una gran espada."

Este era el segundo. La Guerra, casi seguro.

"6:5 Cuando abrió el tercer sello, oí al tercer ser viviente, que decía: Ven y mira. Y miré, y he aquí un caballo negro; y el que lo montaba tenía una balanza en la mano. 6:6 Y oí una voz de en medio de los cuatro seres vivientes, que decía: Dos libras de trigo por un denario, y seis libras de cebada por un denario; pero no dañes el aceite ni el vino."

¿Qué?

"6:7 Cuando abrió el cuarto sello, oí la voz del cuarto ser viviente, que decía: Ven y mira. 6:8 Miré, y he aquí un caballo amarillo, y el que lo montaba tenía por nombre Muerte, y el Hades le seguía; y le fue dada potestad sobre la cuarta parte de la tierra, para matar con espada, con hambre, con mortandad, y con las fieras de la tierra."

Este está claro: es el único que tiene nombre (y le sigue el Hades en persona, por si nos cabía alguna duda). Le dan potestad sobre la cuarta parte de la tierra para matar a todo el mundo de todas las formas posibles (es la Muerta misma, por qué no).

Esta es la primera referencia a partes fraccionarias que se van echando a perder; es difícil calcular qué queda al final, aunque podría hacerse.

"6:9 Cuando abrió el quinto sello, vi bajo el altar las almas de los que habían sido muertos por causa de la palabra de Dios y por el testimonio que tenían. 6:10 Y clamaban a gran voz, diciendo: ¿Hasta cuándo, Señor, santo y verdadero, no juzgas y vengas nuestra sangre en los que moran en la tierra? 6:11 Y se les dieron vestiduras blancas, y se les dijo que descansasen todavía un poco de tiempo, hasta que se completara el número de sus consiervos y sus hermanos, que también habían de ser muertos como ellos."

Aquí los muertos vuelven clamando venganza, pero se les dice que esperen, que aún quedan mucho muertos por llegar.

"6:12 Miré cuando abrió el sexto sello, y he aquí hubo un gran terremoto; y el sol se puso negro como tela de cilicio, y la luna se volvió toda como sangre; 6:13 y las estrellas del cielo cayeron sobre la tierra, como la higuera deja caer sus higos cuando es sacudida por un fuerte viento."

Al sol y a la luna les pasan cosas chungas un montón de veces. Las estrellas caen sobre la tierra como higos de una higuera (algunas metáforas son algo flojas). Esto de las estrellas cayendo pasa muchas veces.

"6:14 Y el cielo se desvaneció como un pergamino que se enrolla;"

Este símil es mejor, aunque solo sea por lo surrealista.

"6:15 Y los reyes de la tierra, y los grandes, los ricos, los capitanes, los poderosos, y todo siervo y todo libre, se escondieron en las cuevas y entre las peñas de los montes; 6:16 y decían a los montes y a las peñas: Caed sobre nosotros, y escondednos del rostro de aquel que está sentado sobre el trono, y de la ira del Cordero; 6:17 porque el gran día de su ira ha llegado; ¿y quién podrá sostenerse en pie?"

Los reyes, los ricos, los pobres, los jugadores de polo, los blogueros y en definitiva todo hijo de vecino se esconde y se pregunta: «¿Quién podrá sostenerse en pie?» anticipando el título del capítulo 7:

"Los 144,000 sellados"

Quién si no.

Esto también es un poco aburrido; aparecen cuatro ángeles y se dedican a enumerar quién se salva de todo este embrollo. Resumen: los hijos de las tribus de Israel. También hay una «multitud vestida de ropas blancas» que también parece que se pueden salvar porque han lavado y emblanquecido sus ropas en la sangre del Cordero (?).

Pero aún queda el séptimo sello, que se anticipa con una pausa dramática:

"8:1 Cuando abrió el séptimo sello, se hizo silencio en el cielo como por media hora."

Media hora después empiezan las explosiones:

"8:2 Y vi a los siete ángeles que estaban en pie ante Dios; y se les dieron siete trompetas. 8:3 Otro ángel vino entonces y se paró ante el altar con un incensario de oro; y se le dio mucho incienso para añadirlo a las oraciones de todos los santos, sobre el altar de oro que estaba delante del trono. 8:4 Y de la mano del ángel subió a la presencia de Dios el humo del incienso con las oraciones de los santos. 8:5 Y el ángel tomó el incensario, y lo llenó del fuego del altar y lo arrojó a la tierray hubo truenos, y voces, y relámpagos, y un terremoto."

Y muchas trompetas:

"8:6 Y los siete ángeles que tenían las siete trompetas se dispusieron a tocarlas. 8:7 El primer ángel tocó la trompeta, y hubo granizo y fuego mezclados con sangre, que fueron lanzados sobre la tierra; y la tercera parte de los árboles se quemó, y se quemó toda la hierba verde."

La tercera parte de los árboles y toda la hierba verde, fuera.

"8:8 El segundo ángel tocó la trompeta, y como una gran montaña ardiendo en fuego fue precipitada en el mar; y la tercera parte del mar se convirtió en sangre. 8:9 Y murió la tercera parte de los seres vivientes que estaban en el mar, y la tercera parte de las naves fue destruida."

La tercera parte del mar a hacer puñetas y la tercera parte de los seres vivientes del mar, también; no sé si se refiere a la tercera parte de los seres que vivían en el tercio que se ha convertido en sangre o si son la tercera parte del mar en su totalidad. Los yates y embarcaciones de recreo de los oligarcas rusos y de los jeques árabes también serán destruidos.

"8:10 El tercer ángel tocó la trompeta, y cayó del cielo una gran estrella, ardiendo como una antorcha, y cayó sobre la tercera parte de los ríos, y sobre las fuentes de las aguas. 8:11 Y el nombre de la estrella es Ajenjo. Y la tercera parte de las aguas se convirtió en ajenjo; y muchos hombres murieron a causa de esas aguas, porque se hicieron amargas."

Esta es buena. Hay una estrella que no cayó cuando cayeron todas las estrellas en el episodio de los sellos y que cae sobre la tercera parte de los ríos y de las fuentes (supongo que diviéndose hábilmente).

El nombre de la estrella es Ajenjo. El ajenjo es una planta medicinal de sabor amargo que se usa, entre otras cosas, para hacer aperitivos como el vermú y para elaborar absenta porque tiene un principio psicoactivo que se llama tuyona. Pero hay algo más interesante: una de las muchas palabras rusas para denominar al ajenjo es Чернобыль, es decir, Chernóbil. La catástrofe de la central nuclear no fue mucho más grave porque se consiguió evitar a tiempo que el núcleo de corio fundido impregnado de radiación ionizante llegara a los acuíferos y contaminara las fuentes de agua. Si esto no es una profecía, no sé qué lo es.

"8:12 El cuarto ángel tocó la trompeta, y fue herida la tercera parte del sol, y la tercera parte de la luna, y la tercera parte de las estrellas, para que se oscureciese la tercera parte de ellos, y no hubiese luz en la tercera parte del día, y asimismo de la noche."

El sol, que ya era negro «como tela de cilicio», la luna, que era del color de la sangre y las estrellas, que habían caído pero están otra vez arriba, quedan heridas en su tercera parte. A partir de ahora no habrá luz en la tercera parte del día. Y tampoco en la tercera parte de la noche :-)

Y sigue otra anticipación un poco torpe desde un punto de vista narrativo:

"8:13 Y miré, y oí a un ángel volar por en medio del cielo, diciendo a gran voz: ¡Ay, ay, ay, de los que moran en la tierra, a causa de los otros toques de trompeta que están para sonar los tres ángeles!"

Ay, ay, ay. Hace bien en lamentarse, porque atención a lo que viene:

"9:1 El quinto ángel tocó la trompeta, y vi una estrella que cayó del cielo a la tierra; y se le dio la llave del pozo del abismo. 9:2 Y abrió el pozo del abismo, y subió humo del pozo como humo de un gran horno; y se oscureció el sol y el aire por el humo del pozo. 9:3 Y del humo salieron langostas sobre la tierra; y se les dio poder, como tienen poder los escorpiones de la tierra."

Estas langostas salidas del infierno tienen el poder de los escorpiones de la tierra, es decir, tienen aguijones venenosos.

"9:4 Y se les mandó que no dañasen a la hierba de la tierra, ni a cosa verde alguna, ni a ningún árbol, sino solamente a los hombres que no tuviesen el sello de Dios en sus frentes. 9:5 Y les fue dado, no que los matasen, sino que los atormentasen cinco meses; y su tormento era como tormento de escorpión cuando hiere al hombre."

No os comáis las cosechas como soléis hacer, se les dice; solo estáis aquí para hacer daño a los hombres. Y sigue esta frase que me encanta:

"9:6 Y en aquellos días los hombres buscarán la muerte, pero no la hallarán; y ansiarán morir, pero la muerte huirá de ellos."

Ojo a los bichos:

"9:7 El aspecto de las langostas era semejante a caballos preparados para la guerra; en las cabezas tenían como coronas de oro; sus caras eran como caras humanas; 9:8 tenían cabello como cabello de mujer; sus dientes eran como de leones; 9:9 tenían corazas como corazas de hierro; el ruido de sus alas era como el estruendo de muchos carros de caballos corriendo a la batalla; 9:10 tenían colas como de escorpiones, y también aguijones; y en sus colas tenían poder para dañar a los hombres durante cinco meses. 9:11 Y tienen por rey sobre ellos al ángel del abismo, cuyo nombre en hebreo es Abadón, y en griego, Apolión."

Lamentablemente lo de los «cinco meses» le quita algo de fuerza.

"9:12 El primer ay pasó; he aquí, vienen aún dos ayes después de esto."

:-) Juan de Patmos es un cachondo.

"9:13 El sexto ángel tocó la trompeta, y oí una voz de entre los cuatro cuernos del altar de oro que estaba delante de Dios, 9:14 diciendo al sexto ángel que tenía la trompeta: Desata a los cuatro ángeles que están atados junto al gran río Eufrates. 9:15 Y fueron desatados los cuatro ángeles que estaban preparados para la hora, día, mes y año, a fin de matar a la tercera parte de los hombres. 9:16 Y el número de los ejércitos de los jinetes era doscientos millones. Yo oí su número."

Por lo visto, había cuatro ángeles atados junto al río Eufrates esperando la orden de matar a la tercera parte de los hombres y no nos habíamos dado cuenta. Ni de ellos ni de los doscientos millones de jinetes que conforman sus ejércitos. No están contados así, al tuntún; Juan oyó el número.

Pues si las langostas os han parecido terribles al loro con los ejércitos y, en especial, los caballos:

"9:17 Así vi en visión los caballos y a sus jinetes, los cuales tenían corazas de fuego, de zafiro y de azufre. Y las cabezas de los caballos eran como cabezas de leones; y de su boca salían fuego, humo y azufre. 9:18 Por estas tres plagas fue muerta la tercera parte de los hombres; por el fuego, el humo y el azufre que salían de su boca. 9:19 Pues el poder de los caballos estaba en su boca y en sus colas; porque sus colas, semejantes a serpientes, tenían cabezas, y con ellas dañaban."

Son caballos con cabezas de león que escupen fuego, humo y azufre y a los que les salen serpientes del culo.

Pero estos horrores no terminan de convencer a los hombres (los que aún no han muerto, se entiende): ellos siguen dale que dale adorando demonios e imágenes que no pueden ver, ni oír, ni andar (a diferencia del resto de las imágenes):

"9:20 Y los otros hombres que no fueron muertos con estas plagas, ni aun así se arrepintieron de las obras de sus manos, ni dejaron de adorar a los demonios, y a las imágenes de oro, de plata, de bronce, de piedra y de madera, las cuales no pueden ver, ni oír, ni andar y no se arrepintieron de sus homicidios, ni de sus hechicerías, ni de su fornicación, ni de sus hurtos."

Soy un hechicero ladrón, homicida y fornicador y ni tu ejército de cosas horribles me convencerá de dejar de adorar a mis imágenes de madera, que son de verdad aunque no me vean ni me oigan ni echen a andar.

Y ahora empieza un capítulo llamado «El ángel con el librito».

"10:1 Vi descender del cielo a otro ángel fuerte, envuelto en una nube, con el arco iris sobre su cabeza; y su rostro era como el sol, y sus pies como columnas de fuego. 10:2 Tenía en su mano un librito abierto; y puso su pie derecho sobre el mar, y el izquierdo sobre la tierra; 10:3 y clamó a gran voz, como ruge un león; y cuando hubo clamado, siete truenos emitieron sus voces. 10:4 Cuando los siete truenos hubieron emitido sus voces, yo iba a escribir; pero oí una voz del cielo que me decía: Sella las cosas que los siete truenos han dicho, y no las escribas."

El ángel del librito le dice a Juan, justo cuando iba a empezar a escribir, que no lo haga. Afortunadamente le desobedece porque si no la historia se acabaría aquí.

Hay truenos y juramentos y cosas confusas hasta que la voz del cielo le dice a Juan que le pida el librito al ángel gigantesco (el que tiene un pie sobre el mar y el otro sobre la tierra). Este se lo cede para que se lo coma (no me lo invento):

"10:9 Y fui al ángel, diciéndole que me diese el librito. Y él me dijo: Toma, y cómelo; y te amargará el vientre, pero en tu boca será dulce como la miel. 10:10 Entonces tomé el librito de la mano del ángel, y lo comí; y era dulce en mi boca como la miel, pero cuando lo hube comido, amargó mi vientre. 10:11 Y él me dijo: Es necesario que profetices otra vez sobre muchos pueblos, naciones, lenguas y reyes."

Toma, cómetelo, dice el ángel, que sabe dulce pero da acidez; Juan se lo come, le sabe rico pero le jode el estómago. No sé muy bien cuál es el propósito de este párrafo. Quizá es para enseñar que los ángeles no mienten o que los libros no se comen aunque tengan buena pinta. El caso es que le mandan a profetizar otra vez.

Luego le encargan otra cosa:

"11:1 Entonces me fue dada una caña semejante a una vara de medir, y se me dijo: Levántate, y mide el templo de Dios, y el altar, y a los que adoran en él. 11:2 Pero el patio que está fuera del templo déjalo aparte, y no lo midas, porque ha sido entregado a los gentiles; y ellos hollarán la ciudad santa cuarenta y dos meses. 11:3 Y daré a mis dos testigos que profeticen por mil doscientos sesenta días, vestidos de cilicio. 11:4 Estos testigos son los dos olivos, y los dos candeleros que están en pie delante del Dios de la tierra. 11:5 Si alguno quiere dañarlos, sale fuego de la boca de ellos, y devora a sus enemigos; y si alguno quiere hacerles daño, debe morir él de la misma manera. 11:6 Estos tienen poder para cerrar el cielo, a fin de que no llueva en los días de su profecía; y tienen poder sobre las aguas para convertirlas en sangre, y para herir la tierra con toda plaga, cuantas veces quieran. 11:7 Cuando hayan acabado su testimonio, la bestia que sube del abismo hará guerra contra ellos, y los vencerá y los matará."

Le mandan que mida el templo de Dios y el altar y a los que están allí (?), pero que no mida el patio. Luego hay dos testigos que en realidad son dos olivos que escupen fuego si alguien quiere dañarlos. Además, parece que pueden cerrar el cielo para que no llueva, o algo así. Y luego vendrá la bestia y los matará. No sé, no entiendo muy bien de qué está hablando.

"11:8 Y sus cadáveres estarán en la plaza de la grande ciudad que en sentido espiritual se llama Sodoma y Egipto, donde también nuestro Señor fue crucificado."

¿Jesucristo también fue crucificado en Sodoma y en Egipto? Bueno, dice que es en sentido espiritual. Supongo que los cadáveres son los de... ¿los olivos?

"11:9 Y los de los pueblos, tribus, lenguas y naciones verán sus cadáveres por tres días y medio, y no permitirán que sean sepultados. 11:10 Y los moradores de la tierra se regocijarán sobre ellos y se alegrarán, y se enviarán regalos unos a otros; porque estos dos profetas habían atormentado a los moradores de la tierra."

Los olivos son dos profetas.

"11:11 Pero después de tres días y medio entró en ellos el espíritu de vida enviado por Dios, y se levantaron sobre sus pies, y cayó gran temor sobre los que los vieron. 11:12 Y oyeron una gran voz del cielo, que les decía: Subid acá. Y subieron al cielo en una nube; y sus enemigos los vieron. 11:13 En aquella hora hubo un gran terremoto, y la décima parte de la ciudad se derrumbó, y por el terremoto murieron en número de siete mil hombres; y los demás se aterrorizaron, y dieron gloria al Dios del cielo."

Aquí hay cosas que vuelven a romperse. Los hombres caen como chinches.

Al narrador se le ha quedado en el tintero el hilo argumental de medir el templo pero no el patio.

"11:14 El segundo ay pasó; he aquí, el tercer ay viene pronto."

Pasó el segundo ay :-). Queda el tercero, la séptima trompeta, que suena ya mismo:

"11:15 El séptimo ángel tocó la trompeta, y hubo grandes voces en el cielo, que decían: Los reinos del mundo han venido a ser de nuestro Señor y de su Cristo; y él reinará por los siglos de los siglos. 11:16 Y los veinticuatro ancianos que estaban sentados delante de Dios en sus tronos, se postraron sobre sus rostros, y adoraron a Dios, 11:17 diciendo: Te damos gracias, Señor Dios Todopoderoso, el que eres y que eras y que has de venir, porque has tomado tu gran poder, y has reinado. 11:18 Y se airaron las naciones, y tu ira ha venido, y el tiempo de juzgar a los muertos, y de dar el galardón a tus siervos los profetas, a los santos, y a los que temen tu nombre, a los pequeños y a los grandes, y de destruir a los que destruyen la tierra. 11:19 Y el templo de Dios fue abierto en el cielo, y el arca de su pacto se veía en el templo. Y hubo relámpagos, voces, truenos, un terremoto y grande granizo."

Bla, bla, bla. Explosiones, gritos y un tiempo de mierda. Pero atención, que viene una de las mejores partes: la de la Mujer y el Dragón.

"12:1 Apareció en el cielo una gran señal: una mujer vestida del sol, con la luna debajo de sus pies, y sobre su cabeza una corona de doce estrellas. 12:2 Y estando encinta, clamaba con dolores de parto, en la angustia del alumbramiento."

Esta mujer debe ser María, la madre de Cristo. O quizá no, es difícil saberlo, porque todo debe ser simbólico.

"12:3 También apareció otra señal en el cielo: he aquí un gran dragón escarlata, que tenía siete cabezas y diez cuernos, y en sus cabezas siete diademas; 12:4 y su cola arrastraba la tercera parte de las estrellas del cielo, y las arrojó sobre la tierra."

El dragón tiene siete cabezas y diez cuernos; no sé si quiere decir que tiene diez cuernos en cada cabeza o si es que tiene tres cabezas con dos cuernos y cuatro con solo uno. El caso es que la cola arrastra la tercera parte de las estrellas del cielo (¿queda aún alguna ahí?) y las lanza sobre la tierra. Este dragón debe simbolizar a Satanás o a alguno de sus compinches.

"Y el dragón se paró frente a la mujer que estaba para dar a luz, a fin de devorar a su hijo tan pronto como naciese. 12:5 Y ella dio a luz un hijo varón, que regirá con vara de hierro a todas las naciones y su hijo fue arrebatado para Dios y para su trono. 12:6 Y la mujer huyó al desierto, donde tiene lugar preparado por Dios, para que allí la sustenten por mil doscientos sesenta días."

El dragón se quiere comer al hijo que está a punto de nacer, pero no lo hace; el hijo regirá con vara de hierro a todas las naciones. La mujer huye al desierto, pero Dios tiene allí un escondite con víveres para mil doscientos sesenta días (que son como tres años y medio o así).

"12:7 Después hubo una gran batalla en el cielo: y sus ángeles luchaban contra el dragón; y luchaban el dragón y sus ángeles; 12:8 pero no prevalecieron, ni se halló ya lugar para ellos en el cielo. 12:9 Y fue lanzado fuera el gran dragón, la serpiente antigua, que se llama diablo y Satanás, el cual engaña al mundo entero; fue arrojado a la tierra, y sus ángeles fueron arrojados con él."

Más peleas y escenas de acción. El dragón es la serpiente antigua y el diablo y Satanás y todas las cosas malas y pierde la batalla. Siguen unos cuantos versículos en plan Bola de Dragón sobre los vencidos o no sé qué gaitas.

El dragón ha caído a la tierra y se decida a perseguir a la mujer, que si os acordáis estaba en el búnker del desierto. Para que huya, a la mujer le salen alas:

"12:13 Y cuando vio el dragón que había sido arrojado a la tierra, persiguió a la mujer que había dado a luz al hijo varón. 12:14 Y se le dieron a la mujer las dos alas de la gran águila, para que volase de delante de la serpiente al desierto, a su lugar, donde es sustentada por un tiempo, y tiempos, y la mitad de un tiempo."

Eso del tiempo y los tiempos y la mitad de un tiempo da la sensación de ser algo que se ha perdido en la traducción.

El dragón escupe agua pero la tierra se la traga, se cabrea y se marcha a hacer la guerra. Pero no lo hará solo porque algo sale del mar para ayudarle:

"13:1 Me paré sobre la arena del mar, y vi subir del mar una bestia que tenía siete cabezas y diez cuernos; y en sus cuernos diez diademas; y sobre sus cabezas, un nombre blasfemo. 13:2 Y la bestia que vi era semejante a un leopardo, y sus pies como de oso, y su boca como boca de león. Y el dragón le dio su poder y su trono, y grande autoridad. 13:3 Vi una de sus cabezas como herida de muerte, pero su herida mortal fue sanada; y se maravilló toda la tierra en pos de la bestia,"

Tiene también siete cabezas y diez cuernos, así que deben ser familia, o al menos de la misma especie. Eso sí, este tiene sobre sus cabezas un nombre blasfemo. Una de las cabezas está algo jodida pero se le pasa. El personal flipa con la bestia.

"13:4 y adoraron al dragón que había dado autoridad a la bestia, y adoraron a la bestia, diciendo: ¿Quién como la bestia, y quién podrá luchar contra ella? 13:5 También se le dio boca que hablaba grandes cosas y blasfemias; y se le dio autoridad para actuar cuarenta y dos meses. 13:6 Y abrió su boca en blasfemias contra Dios, para blasfemar de su nombre, de su tabernáculo, y de los que moran en el cielo. 13:7 Y se le permitió hacer guerra contra los santos, y vencerlos. También se le dio autoridad sobre toda tribu, pueblo, lengua y nación."

La bestia es lenguaraz y palabrotera.

Algo me mosquea: cuando dice que a la bestia «se le dio boca», «se le dio autoridad» y «se le permitió», ¿quién hace eso? ¿Dios?

El caso es que la bestia junto al dragón hacen cosas malas por todas partes y engañan a todo el mundo para que se pongan una marca en la mano derecha o en la frente sin la cual no pueden comprar ni vender, como una especie de código de barras o QR o algo así:

"13:16 Y hacía que a todos, pequeños y grandes, ricos y pobres, libres y esclavos, se les pusiese una marca en la mano derecha, o en la frente; 13:17 y que ninguno pudiese comprar ni vender, sino el que tuviese la marca o el nombre de la bestia, o el número de su nombre."

Y la siguiente os la veíais venir:

"13:18 Aquí hay sabiduría. El que tiene entendimiento, cuente el número de la bestia, pues es número de hombre. Y su número es seiscientos sesenta y seis."

El 666, que es número de hombre.

A continuación vienen un par de capítulos de relleno con mucha cháchara y poca leña. Incluye un par de cosas inquietantes sobre los 144000 de antes, como que «Estos son los que no se contaminaron con mujeres, pues son vírgenes», pero no voy a ahondar en ello. Hay unos ángeles con unas copas de la ira, unas pocas explosiones y gente que muere a paladas pero no es muy interesante.

Y entonces viene mi parte preferida: ¡La de LA GRAN RAMERA DE BABILONIA!

"17:1 Vino entonces uno de los siete ángeles que tenían las siete copas, y habló conmigo diciéndome: Ven acá, y te mostraré la sentencia contra la gran ramera, la que está sentada sobre muchas aguas; 17:2 con la cual han fornicado los reyes de la tierra, y los moradores de la tierra se han embriagado con el vino de su fornicación. 17:3 Y me llevó en el Espíritu al desierto; y vi a una mujer sentada sobre una bestia escarlata llena de nombres de blasfemia, que tenía siete cabezas y diez cuernos. 17:4 Y la mujer estaba vestida de púrpura y escarlata, y adornada de oro de piedras preciosas y de perlas, y tenía en la mano un cáliz de oro lleno de abominaciones y de la inmundicia de su fornicación; 17:5 y en su frente un nombre escrito, un misterio: BABILONIA LA GRANDE, LA MADRE DE LAS RAMERAS Y DE LAS ABOMINACIONES DE LA TIERRA."

Aquí la tenemos: la que ha fornicado con los reyes de la tierra y que ha embriagado a los terrícolas con el vino de su fornicación. Ahí está, vestida de rojo en plan zorrón, con sus collares y sus pendientes de aro y sus piercings en los pezones y con un cáliz lleno de abominaciones y de la inmundicia de su fornicación (esto último no sé qué es pero me parece un poco guarro). La madam de todas las furcias y los putones verbeneros.

"17:6 Vi a la mujer ebria de la sangre de los santos, y de la sangre de los mártires de Jesús; y cuando la vi, quedé asombrado con gran asombro. 17:7 Y el ángel me dijo: ¿Por qué te asombras? Yo te diré el misterio de la mujer, y de la bestia que la trae, la cual tiene las siete cabezas y los diez cuernos. 17:8 La bestia que has visto, era, y no es; y está para subir del abismo e ir a perdición; y los moradores de la tierra, aquellos cuyos nombres no están escritos desde la fundación del mundo en el libro de la vida,se asombrarán viendo la bestia que era y no es, y será. 17:9 Esto, para la mente que tenga sabiduría: Las siete cabezas son siete montes, sobre los cuales se sienta la mujer, 17:10 y son siete reyes. Cinco de ellos han caído; uno es, y el otro aún no ha venido; y cuando venga, es necesario que dure breve tiempo. 17:11 La bestia que era, y no es, es también el octavo; y es de entre los siete, y va a la perdición. 17:12 Y los diez cuernos que has visto, son diez reyes, que aún no han recibido reino; pero por una hora recibirán autoridad como reyes juntamente con la bestia. 17:13 Estos tienen un mismo propósito, y entregarán su poder y su autoridad a la bestia. 17:14 Pelearán contra el Cordero, y el Cordero los vencerá, porque él es Señor de señores y Rey de reyes; y los que están con él son llamados y elegidos y fieles. 17:15 Me dijo también: Las aguas que has visto donde la ramera se sienta, son pueblos, muchedumbres, naciones y lenguas. 17:16 Y los diez cuernos que viste en la bestia, éstos aborrecerán a la ramera, y la dejarán desolada y desnuda; y devorarán sus carnes, y la quemarán con fuego; 17:17 porque Dios ha puesto en sus corazones el ejecutar lo que él quiso: ponerse de acuerdo, y dar su reino a la bestia, hasta que se cumplan las palabras de Dios. 17:18 Y la mujer que has visto es la gran ciudad que reina sobre los reyes de la tierra."

BUAH. BRUTAL. La súper-ramera ebria de la sangre de los santos. La bestia que era y no es. Las siete cabezas de la bestia son siete montes sobre los que se sienta la mujer y también son siete reyes (es decir, que se sienta en la cara de los siete reyes). La bestia que era y no es también es el octavo de los reyes, pero también es uno de los siete. Las aguas sobre las que la ramera se sienta (¿no eran reyes?) son en realidad pueblos, muchedumbres, naciones y lenguas. Los cuernos aborrecerán a la ramera y se la comerán y la quemarán y YO QUÉ SÉ QUÉ MÁS.

"18:1 Después de esto vi a otro ángel descender del cielo con gran poder; y la tierra fue alumbrada con su gloria. 18:2 Y clamó con voz potente, diciendo: Ha caído, ha caído la gran Babilonia, y se ha hecho habitación de demonios y guarida de todo espíritu inmundo, y albergue de toda ave inmunda y aborrecible. 18:3 Porque todas las naciones han bebido del vino del furor de su fornicación; y los reyes de la tierra han fornicado con ella, y los mercaderes de la tierra se han enriquecido de la potencia de sus deleites."

Esto se resuelve un poco mal y resulta que la gran Babilonia que parecía que iba a ser un personaje acojonante se queda un poco corto. Bueno, se hace habitación de demonios, de espíritus inmundos y de aves aborrecibles, que no está mal. Después vienen párrafos y párrafos sobre fornicación por aquí y por allí, y enumeraciones aburridas de cosas brillantes que los mercaderes echarán de menos.

Luego viene una especie de fiesta bastante confusa:

"19:7 Gocémonos y alegrémonos y démosle gloria; porque han llegado las bodas del Cordero, y su esposa se ha preparado."

Larga. MUY larga. En resumen: el Cordero (Jesús) se casa. Uno de los invitados (que se llama Fiel y Verdadero) tiene un caballo blanco y tiene una espada que le sale de la boca. Un ángel congrega a las aves que vuelan a que vengan a comerse a todo el mundo:

"19:17 Y vi a un ángel que estaba en pie en el sol, y clamó a gran voz, diciendo a todas las aves que vuelan en medio del cielo: Venid, y congregaos a la gran cena de Dios, 19:18 para que comáis carnes de reyes y de capitanes, y carnes de fuertes, carnes de caballos y de sus jinetes, y carnes de todos, libres y esclavos, pequeños y grandes."

La bestia aún anda por aquí, pero ya por poco tiempo:

"19:19 Y vi a la bestia, a los reyes de la tierra y a sus ejércitos, reunidos para guerrear contra el que montaba el caballo, y contra su ejército. 19:20 Y la bestia fue apresada, y con ella el falso profeta que había hecho delante de ella las señales con las cuales había engañado a los que recibieron la marca de la bestia, y habían adorado su imagen. Estos dos fueron lanzados vivos dentro de un lago de fuego que arde con azufre. 19:21 Y los demás fueron muertos con la espada que salía de la boca del que montaba el caballo, y todas las aves se saciaron de las carnes de ellos."

Y respecto al dragón también se hace algo:

"20:1 Vi a un ángel que descendía del cielo, con la llave del abismo, y una gran cadena en la mano. 20:2 Y prendió al dragón, la serpiente antigua, que es el diablo y Satanás, y lo ató por mil años; 20:3 y lo arrojó al abismo, y lo encerró, y puso su sello sobre él, para que no engañase más a las naciones, hasta que fuesen cumplidos mil años; y después de esto debe ser desatado por un poco de tiempo."

Eso de encerrarle mil años para luego soltarle «por un poco de tiempo» no lo entiendo muy bien. ¿Por qué soltarle, si ya se sabe qué rollo lleva?

El caso es que

"20:7 Cuando los mil años se cumplan, Satanás será suelto de su prisión, 20:8 y saldrá a engañar a las naciones que están en los cuatro ángulos de la tierra, a Gog y a Magog, a fin de reunirlos para la batalla; el número de los cuales es como la arena del mar. 20:9 Y subieron sobre la anchura de la tierra, y rodearon el campamento de los santos y la ciudad amada; y de Dios descendió fuego del cielo, y los consumió. 20:10 Y el diablo que los engañaba fue lanzado en el lago de fuego y azufre, donde estaban la bestia y el falso profeta; y serán atormentados día y noche por los siglos de los siglos."

Soltarle para zurrarle la badana inmediatamente después. Suena a otro capítulo de relleno. Esto está empezando a cansar un poco.

Un poco más adelante hay también matarile para la muerte y el Hades:

"20:13 Y el mar entregó los muertos que había en él; y la muerte y el Hades entregaron los muertos que había en ellos; y fueron juzgados cada uno según sus obras. 20:14 Y la muerte y el Hades fueron lanzados al lago de fuego. Esta es la muerte segunda. 20:15 Y el que no se halló inscrito en el libro de la vida fue lanzado al lago de fuego."

Al lago de fuego con todos.

El caso es que después de todo este destrozo, claro, ya no queda nada por ningún sitio:

"21:1 Vi un cielo nuevo y una tierra nueva; porque el primer cielo y la primera tierra pasaron, y el mar ya no existía más."

Así que hay que traerse la nueva ciudad desde el cielo. Para seguir con la nomenclatura actual la llamaremos la nueva Jerusalén y será la bomba.

Y lo es:

"21:10 Y me llevó en el Espíritu a un monte grande y alto, y me mostró la gran ciudad santa de Jerusalén, que descendía del cielo, de Dios, 21:11 teniendo la gloria de Dios. Y su fulgor era semejante al de una piedra preciosísima, como piedra de jaspe, diáfana como el cristal. 21:12 Tenía un muro grande y alto con doce puertas; y en las puertas, doce ángeles, y nombres inscritos, que son los de las doce tribus de los hijos de Israel; 21:13 al oriente tres puertas; al norte tres puertas; al sur tres puertas; al occidente tres puertas."

Vamos, reluciente y con tres puertas a cada lado. Pero espera:

"21:14 Y el muro de la ciudad tenía doce cimientos, y sobre ellos los doce nombres de los doce apóstoles del Cordero. 21:15 El que hablaba conmigo tenía una caña de medir, de oro, para medir la ciudad, sus puertas y su muro. 21:16 La ciudad se halla establecida en cuadro, y su longitud es igual a su anchura; y él midió la ciudad con la caña, doce mil estadios; la longitud, la altura y la anchura de ella son iguales."

Atención a las medidas: un tipo de por ahí, que tiene una caña de medir (de oro, para qué menos), dice que la ciudad tiene una planta cuadrada de doce mil estadios y que longitud, altura y anchura son iguales. Lo de los estadios puede despistar; los antiguos no medían las cosas en estadios de fútbol como hacemos ahora sino que un estadio antiguo, según la Wikipedia, son 185,20 metros. Eso quiere decir que la Nueva Jerusalén es un cubo de 2222,4 x 2222,4 x 2222,4 kilómetros de lado. Dado que la estrastofera acaba a los 50 km de altura los que vivan en los pisos de arriba van a pasarlas putas para respirar.

Los muros también son de flipar:

"21:17 Y midió su muro, ciento cuarenta y cuatro codos, de medida de hombre,"

Un codo «de medida de hombre» es lo que parece, es decir, lo que mide desde el codo hasta la punta de los dedos. Así que los muros son de 70 metros, no sé si de altura o de espesor.

Luego se pierde en descripciones Tolkianamente aburridas sobre lo muy lujosos que son los cimientos y las columnas y las cosas de allí. También hay un río donde está el árbol de la vida que da doce frutos como si eso nos fuera a sorprender a estas alturas.

Y así acaba esta locura, no sin antes soltar esto:

"22:18 Yo testifico a todo aquel que oye las palabras de la profecía de este libro: Si alguno añadiere a estas cosas, Dios traerá sobre él las plagas que están escritas en este libro. 22:19 Y si alguno quitare de las palabras del libro de esta profecía, Dios quitará su parte del libro de la vida, y de la santa ciudad y de las cosas que están escritas en este libro."

Supongo que eso va por mí.

2019-06-03

La historia de Susanna

—Mi marido Piotr —empezó a contar Susanna— trabajaba de ingeniero en una empresa de aeronáutica cuando vivíamos en Phoenix, Arizona, en Estados Unidos. Al principio le gustaba lo que hacía pero después de muchos años llenos de promesas de ascensos que no se materializaban acabó por amargarse la vida. Un día oyó hablar en un bar a un antiguo colega sobre un lugar donde aún se apreciaba a la gente técnica y con ganas de hacer cosas nuevas y vino a casa encantado, como un niño ilusionado, contándome todo tipo de maravillas sobre esas nuevas tierras de esperanza. Yo pensé al principio que se refería a ir a vivir a Alemania, a Francia o a algún país de Asia, pero se trataba de algo mucho más loco: el amigo le habló de un sitio mágico, conocido solo por unos pocos, donde era posible salir adelante y conseguir todo aquello que querías. El lugar se llamaba Alphaburg y el acceso era complicado, ya que hacía falta un objeto especial, pero una vez allí triunfar era fácil y la valía siempre quedaba recompensada.

—Menudo camelo —dijo Franz—. ¿Quién se puede creer eso?

Susanna le miró con ojos tristes, haciendo una pausa. Franz le siguió el contorno del rostro con la mirada. Detrás de aquella capa de sufrimiento, pese a sus ojeras y su palidez, había una mujer hermosa.

—Conseguí quitarle la idea por un tiempo —continuó Susanna—. Vivíamos perpetuamente endeudados. Nos habíamos comprado una casa preciosa, teníamos dos coches, vivíamos por encima de nuestras posibilidades. Llegábamos a fin de mes pero nunca pudimos ahorrar apenas nada. Y un buen día, mientras le esperaba para irnos a cenar, Piotr vino derrotado diciendo que le habían despedido. Así, sin más.

»En pocos meses nos gastamos lo poco que teníamos ahorrado. Vendimos un coche, luego el otro. Piotr no encontraba trabajo. Estaba desesperado. Pero un día volvió tarde, algo borracho pero eufórico, de nuevo con el cuento de Alphaburg y de cómo solucionaría nuestros problemas. Yo no me sentí con fuerza para volver a quitarle la idea y le animé para que siguiera adelante. Durante un par de días desapareció y cuando volvió me dijo que había vendido la casa por debajo de lo que valía para comprar una llave de acceso a Alphaburg. Casi nos peleamos; le eché en cara que no me hubiese dicho nada, que aquello era un disparate. Y casi me da un infarto cuando me enseñó lo que había comprado: era un libro. Un maldito y puñetero libro. Le dije que se había vuelto loco y me fui. Estuve varios días deambulando por ahí.

—Entiendo —dijo Franz, fingiendo interés pero deseando a que llegase a alguna parte más sustanciosa de la historia.

—Cuando volví a casa esta ya estaba casi vacía de muebles, pero él todavía me estaba esperando. Todo aquello me seguía pareciendo una locura, pero ya estábamos los dos hasta el cuello de todas formas, así que decidí partir con él. Lo que no podía imaginarme era que el viaje lo empezamos allí mismo, en el salón de nuestra casa, doblando el suelo y una pared. Parecía imposible.

—Ya, es raro —dijo Franz—. He visto cosas aún más raras, pero vamos, reconozco que no deja de ser sorprendente.

—Bajamos por el andamio, en la oscuridad, hasta que después de unas horas conseguimos acostumbrarnos. Cruzamos las afueras y llegamos al centro. Pero nada de lo que le habían contado era verdad: hallar una forma de ganarse la vida aquí era aún más difícil que en cualquier otro sitio. Encontramos trabajos temporales, ayudamos en la construcción, nos apuntamos a la factoría. Estuvimos durmiendo en un albergue un tiempo hasta que pudimos alquilar esta casa, en esta zona donde no quiere vivir nadie.

Franz no podía dejar de pensar «me aburro» pero no quería meterle prisa.

—Hace dos años tuvimos un hijo, Tom. Todo parecía ir mejorando hasta que un día hace poco más de un mes nos enteramos de que había ocurrido algo nunca visto hasta la fecha.

Franz se incorporó en su silla.

—Continúa —dijo Franz.

—Una máquina enorme había aparecido en medio de una de las calles. Era como un autobús, o más grande aún. Estaba averiada por algunas partes pero algo a lo que llaman la consola principal funcionaba. Y, lo que resultó más chocante para la gente, hablaba. Casi nadie comprendía del todo lo que decía, pero prometía grandes cambios, mejoras que harían la vida más fácil para todos. El consejo se reunió, montaron unas carpas alrededor de La Máquina (que se hacía llamar así) y durante unos días se mantuvieron encerrados allí con ella. Lo que al principio sonó como música a los oídos de toda la gente de la ciudad que lo estaba pasando mal se convirtió en desconfianza hacia nuestros propios dirigentes, ya que nadie nos informaba de nada.

»De alguna forma La Máquina convenció al alcalde y al consejo de iniciar su reparación y construyeron un apéndice extraño en su parte más estropeada, algo que los niños llamaban La Excavadora, casi tan grande como La Máquina misma. El día que se finalizaron las obras se nos comunicó que la situación había cambiado, que se suprimían los derechos civiles, que una nueva guardia tomaría el control de la seguridad y que todos debíamos someternos a las nuevas normas bajo pena de muerte. Hubo revueltas pero los guardias, que habían sido nuestros propios vecinos y amigos, las sofocaron sin piedad matando a todo el que se oponía. Un día vino la guardia a casa a decirme que Piotr había sido ejecutado por desobediencia.

»Luego La Máquina empezó a traer a sus terminales, una gente horrible llena de cables, y los puso a comandar la guardia. Algunos que se habían apuntado solo para sacar tajada se rebelaron pero también fueron aniquilados. Todo se fue volviendo más y más caótico.

»Me quedé sola con Tom, al que no pude volver a llevar a la escuela. Nos encerramos aquí durante días. Después un hombre que vivía enfrente me dijo que La Máquina estaba cambiando, que los detenidos en las revueltas le estaban sirviendo de alimento y que cada vez era más grande, porque se recubría de los restos medio vivos de sus propias víctimas. Sentí terror de pensar que Piotr no estaría realmente muerto del todo sino que desde ese momento ya formaba parte de la cobertura de carne de La Máquina.

»Cuando se acabaron los disidentes ella empezó a reclamar un tributo diario de diez de nuestros hijos. La semana pasada llegaron un par de tipos y se llevaron a Tom. Ofrecí resistencia y me torturaron. Hace dos días me mandaron de vuelta aquí».

Más en Franz se arrepentirá de todo.

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