LA ATALAYA RECORTADA CONTRA EL CIELO: La casa (Capítulo 3, extracto)
La casa era una estructura asimétrica, con un techado a dos aguas formado por tejas marrones cubiertas por patrones irregulares de líquenes secos e invadidas por los tallos de pequeñas plantas silvestres. Los muros estaban formados por piedras grandes y desiguales, quizá de granito o de algún otro material parecido. Parecía estar compuesta por una planta baja y un altillo con una única ventana situada justo debajo del nervio central del tejado. En los aleros había varios nidos de golondrinas abandonados y unos pequeños pegotes marrones que parecían ser avisperos resecos. Las tres ventanas del piso inferior tenían alféizares de madera grisácea y estaban protegidas por rejas pintadas de verde; muchas de las nervaduras tenían manchas de herrumbre y en algunas partes estaban dobladas. En la parte más alta había una chimenea peligrosamente inclinada hacia adelante. El patio, amarillento y arenoso, estaba demarcado por un muro bajo de piedra musgosa coronado por dos filas de alambre de espino. Junto a la cancela de chapa vieja había una baldosa de estilo portugués quemada por el sol y descascarillada en los extremos con la ornamentada figura del número uno pintada en azul.
Al fin nos encontramos, hija de la gran puta.
Te había construido en mi mente, involuntaria e irracionalmente, como una siniestra mansión gótica de pináculos afilados, ventanas con forma de ojos amenazadores y cúpulas bizantinas como glándulas venenosas, pero no, claro que no, tú no podías ser eso. Tú eres como yo; un despojo, la última hoja de una rama familiar enferma, un vestigio de otro tiempo que nadie merece recordar, el fruto podrido de una tierra devastada. No me engaña tu apariencia. En ti entró una madre y salió un monstruo.
LA ATALAYA RECORTADA CONTRA EL CIELO

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Presentación del libro: miércoles 2 de abril, 19:30, librería La Lectora Infiel, calle Fuente del Berro, 23, Madrid