Ángel
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Y de repente su madre se incorporó, la miró y le dijo unas palabras que no entendió pero que ya nunca pudo olvidar:
—He conocido al Hombre de Cuerdas.
Bran le preguntó de qué estaba hablando; ella se quedó como en trance unos instantes con el labio superior tembloroso y después continuó:
—He estado estos días en la casa de Cincogargantas. En su Casa Infinita. Lo que me ha pedido está muy claro. Es mejor no ver.
Bran se sobresaltó: ¿dónde está Pedrín? Y a modo de respuesta escuchó el ruido de algo cayéndose al suelo al otro lado del pasillo.
Echó a correr hasta la habitación y Pedrín estaba allí, en su silla de ruedas, con la cabeza ladeada; una bandeja y un plato estaban desparramados por el suelo y un fuerte olor a orín y excrementos inundaba la estancia. Tenía los labios secos y pegados. El organismo de Pedrín, en continua degradación, se deshidrataba fácilmente; Bran le pellizcó en el brazo como le habían enseñado y comprobó que la piel no volvió a su estado normal. Buscó a toda prisa el bote de plástico, lo encontró caído detrás de una silla y le dio de beber. Él lo hizo muy poco a poco porque estaba casi inconsciente.
Bran sintió que estaba a punto de llorar cuando oyó abrirse la puerta de la calle. Cristóbal entró cargado de bolsas. Bran se lanzó hacia él y le explicó como pudo la parte que entendía de todo lo ocurrido. Él la escuchó, tratando de calmarla. Le dio un beso en la frente y le dijo que no se preocupara, que él se encargaría de todo.
Aquella noche, nada más dormirse, Bran tuvo un sueño espantoso: un ser enorme y ensangrentado, con los dedos largos como gusanos serpenteando hasta el suelo, se arrastraba hacia ella cargando con el mismo cuchillo que había visto en la mano de su madre. Le decía con voz cavernosa que era el Hombre de Cuerdas; por alguna razón, ella ya lo sabía antes de que abriese su boca llena de dientes diminutos. La pesadilla duró apenas un instante. Se despertó empapada en sudor. Miró el reloj digital de su mesilla: 02:13.
Le costó conciliar el sueño; solo lo consiguió a base de repetirse una y otra vez como un mantra que todo había pasado. Todo ha pasado. Todo ha pasado.
Pero lo peor estaba aún por llegar.