Ángel
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Location: 40.4235492,-3.6617828
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Era un edificio de piedra muy clara, casi blanca, de sillares cortados con precisión. No daba la sensación de ser algo muy antiguo, antes al contrario; tenía esa dureza de líneas que hacía pensar que había sido levantada un instante antes o que se tratase de un objeto indestructible que no estuviese sometido al desgaste del tiempo. Era mucho más alta de lo que parecía desde la casa y claramente era más ancha en la base que en la parte superior. La uniformidad lechosa de su superficie externa solo se rompía por el contorno de gran cantidad de ventanucos y saeteras dispuestos de forma irracional. Estaba coronada por almenas triangulares afiladas como enormes colmillos que intentasen clavarse en el cielo, que allí era de un rojo profundo, inconmensurable, infernal.
Solo las piedras de la base habían perdido su color de hueso calcinado y mostraban un tono rojizo como si hubieran estado bañadas en algo espeso. Un moho negruzco había crecido donde rozaban el suelo. La tierra que rodeaba la planta circular aparecía abombada en algunas partes, como si la torre misma tuviese unas raíces similares a las de un árbol gigante.
Precedida por un par de escalones, la atalaya mostraba una abertura no muy alta, con el dintel en forma de arco semicircular y una puerta entreabierta de madera casi negra con herrajes oxidados. Del interior brotaban gemidos de dolor claramente humanos. Se trataba de ese lamento coral que se escuchaba por todas partes, ahora claramente definido.
Bran respiró hondo, empujó la puerta y entró.
Por toda la superficie del suelo no se veía otra cosa que restos de personas. Era como el siniestro alfombrado de un campo de batalla; brazos, piernas, cabezas, torsos, todos en constante e inútil movimiento, un oleaje de miembros inutilizados, un mar de dolor, un océano de sufrimiento. No olía a sangre fresca ni a putrefacción; solo había un hedor ocre a rancio y a polvo que señalaba que aquella masacre no era reciente sino que aquella pobre gente llevaba mucho tiempo allí.